Nueve meses antes de Navidad celebramos la encarnación del Hijo de Dios, que san Lucas describe en el anuncio del Arcángel Gabriel a la Santísima Virgen, al comunicarle que será la Madre de Dios. Toda la liturgia del día de hoy está coloreada por las palabras del salmista, que la carta a los hebreos pone en labios de Cristo al llegar al mundo: "Aquí estoy, Dios mío: vengo para cumplir tu voluntad".
Precisamente nuestra Madre ante el anuncio, supo decir "Hágase en mi según tu palabra". Es costumbre multisecular recordar este misterio con el rezo del Angelus a las doce del día y, en algunos lugares, también a las seis de la tarde. Hoy, especialmente, cuidemos esta cita con la Virgen, poniendo atención y cariño en esta oración.
Esta fiesta tuvo diversas denominaciones tradicionales: Anunciación de Cristo, Fiesta de la Encarnación, Inicio de la Redención, Anunciación de la Santísima Virgen María. Con esta última fue celebrada desde tiempo inmemorial hasta la reforma de 1970, en que se llama Anunciación del Señor.