Era rey de Kent cuando llegó a Inglaterra el apóstol de las Islas Británicas, San Agustín.
Etelberto lo recibió y le facilitó lo necesario para que predicara el cristianismo. Con el tiempo Etelberto se convirtió y con sus ministros pidió ser bautizado. A la conversión del rey siguió la de millares de súbditos. A pesar de su celo por propagar la nueva religión en sus dominios, Etelberto no obligó a sus súbditos a cambiar de religión, pues decía que el servicio de Cristo debía ser voluntario.
Él era el rey de todos, cristianos y paganos, que vivían libremente y practicaban en libertad sus respectivos cultos. Después de 56 años de reinado, durante los cuales se construyeron grandes catedrales en el territorio británico y se dictaron leyes que le ganaron el aprecio de toda Inglaterra, San Etelberto murió el año 616.
También se recuerda hoy a Josefa Naval Girbés
Laica perteneciente a la Sociedad de San Vicente de Paúl. Nació en 1820 en la ciudad de Algemesí, Valencia, España, donde murió el 24 de febrero de 1893. Dedicó su vida a la catequesis de los niños. En 1988 el Papa Juan Pablo II la declaró beata.