Nació en un pueblo de Francia en 1779. Su padrino de bautismo fue su hermano Luis, que era 12 años mayor que ella, y el cual se encargó de brindarle la más rigurosa educación y desde los ocho años y le enseñó a dedicar todo su tiempo al estudio, hasta que logró que llegara a estar sumamente preparada en todas las ciencias (matemáticas, idiomas, ciencias naturales, filosofía, etc.)
Llegado a sacerdote el hermano de Magdalena la llevó a París y allá se encargó de proporcionarle la más cuidadosa educación religiosa y moral y de enseñarle las reglas de la vida espiritual y de la santidad. Esto le fue de gran provecho en sus labores futuras.
Un santo sacerdote, el Padre Varin deseaba fundar una comunidad religiosa para educar a las niñas pobres y le pareció que la persona más apta para ayudarle en esta labor era Magdalena Sofía. Ella aceptó ir a dirigir la escuela y allí demostró sus admirables capacidades de educadora.
Se fundó la comunidad del Sagrado Corazón de Jesús, en 1800, y pronto bajo la sabia dirección de la Madre Barat la obra progresó admirablemente y fueron llegando numerosas jóvenes a pertenecer a la nueva Congregación. En Amiens fundó un colegio con sólo diez monedas, pero totalmente confiada en el poder y la bondad de Dios, las ayudas de la Divina Providencia fueron llegando de la manera más inesperada.
Llamada de muchas ciudades iba fundando en cada sitio dos obras al mismo tiempo: una obra totalmente gratuita, para niñas pobres, y un colegio con pensiones, para las que tenía buenas posibilidades económicas. En Papa León XII aprobó la nueva Comunidad en 1826. Un grupo de religiosas rebeldes dispuso darle a la congregación otro modo de ser del que la hermana Barat aconsejaba.
Una directora de una casa propuso obrar de manera contraria a las órdenes de Magdalena Sofía. Pero se reunieron las superioras de todas las demás casas y desautorizaron a la rebelde y dieron la razón a la madre Barat.
La madre tuvo que hacer los más diversos viajes por las regiones más apartadas y por caminos casi intransitables. Eran viajes que producían enormes sufrimientos pero a todo ello se sometía con tal de poder llevar al Reino de Dios a muchas almas.
En 63 años que estuvo de superiora de la comunidad fundó 102 colegios en Francia, Suiza, Austria y varios otros países. Su salud no era fuere pero la voluntad era impresionante para resistir contrariedades y para enfrentarse a los problemas y a las dificultades.
Sus dos armas para vencer eran siempre: mucha oración y tener paciencia. Con la oración obtenía del cielo todo lo que necesitaba y con una paciencia a toda prueba lograba superar las dificultades aun las más graves. Murió a los 85 años el 25 de mayo de 1865.