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Domingo de Acassuso (Parte II)
   
El gobernador de Buenos Aires José de Herrera y Sotomayor al poco tiempo le confió la misión de alertar a las autoridades del puerto de Las Conchas acerca de un posible intento de contrabando procedente de Colonia de Sacramento desempeñando su cometido exitosamente, lo cual le significó su pronto ascenso a Capitán.

Durante sus recorridas por los Pagos de la Costa tuvo la oportunidad de experimentar la fuerte sugestión del pintoresco paisaje de estos parajes, motivo que seguramente lo resolviera a levantar una capilla sobre sus barrancas bajo la advocación de San Isidro, en devoto recuerdo de aquella otra de propiedad familiar dejada en el lejano terruño de Zóquita.

Dice una tradicional leyenda que, en una de aquellas recorridas, Acassuso desmontó de su caballo para hacer un alto en el camino, eligiendo un frondoso espinillo que le permitiera reposar al resguardo de su sombra. Pronto se quedó dormido en un profundo sueño durante el que se le apareció el mismísimo San Isidro Labrador requiriéndole que, cuando dispusiera de fortuna, levantase en ese lugar una capilla donde pudiesen asistir a misa los pobladores de aquellos pagos. Una vez despierto, fuertemente sugestionado por el extraño sueño, aceptó el compromiso de dar cumplimiento al requerimiento del Santo ni bien su situación económica se lo permitiese.

Poco después, Acassuso abandonó la milicia para dedicarse al comercio con una casa de negocio a pocos metros de la Plaza Mayor (en la actual calle San Martín, entre Rivadavia y Bartolomé Mitre, frente a la Catedral Metropolitana).
Su actividad comercial consistió en la venta de comestibles, géneros, herramientas de trabajo, velas de sebo, cerraduras, clavos, etc., incluyendo el rubro de tráfico de esclavos y acaso el contrabando, ocupación bastante difundida por aquel entonces.

Consultando los registros de comercio de esclavos de aquella época podemos comprobar algunos negocios operados por Acassuso en el tráfico. A título ilustrativo diremos que el 4 de noviembre de 1715 el navío Wiltshire traía consignados a Domingo de Acassuso 208 negros de Angola, por un valor de 39.520 pesos, siendo remitidos para su reventa a Chile.
El 7 de enero de 1716 recibió otros 16 esclavos con destino local. En abril de 1724 recibe 163 esclavos: 120 sanos por los que abona 200 pesos por cada uno y 43 enfermos con un precio unitario de 100 pesos, todos con destino al Perú. En octubre de 1725 adquiere en la subasta del Retiro 4 negros.

Para apreciar la magnitud de este comercio, diremos que por aquellos tiempos Acassuso llegó a introducir en un año 394 esclavos, cuando Antonio de Larrazábal, considerado en su momento el mayor traficante, alcanzó a registrar 578.
Indudablemente esta fue la ocupación que le permitió hacer fortuna. Poseía por aquel entonces una propiedad en lo que hoy es la esquina de Moreno y Chacabuco, otra en la actual calle Bolívar casi México, y otra en El Retiro, en las inmediaciones del Real Asiento de los Ingleses destinada al tráfico de esclavos.

Al margen de la historia existe una leyenda que le atribuye su fortuna a un “milagroso” episodio ocurrido a mediados de 1702, cuando recibió un envío de clavos dorados que había solicitado a un fabricante de Lima. Abiertos dos cajones, Acassuso descubre con extrañeza que dos de ellos contenían barras de oro, por lo que avisa a sus proveedores del error incurrido, quienes a vuelta de correo le aseguraron que solamente habían despachado los clavos solicitados. Dice la leyenda que Acassuso no pudo menos que atribuir este prodigio al Santo al que le había prometido una capilla en los Pagos de la Costa.

Domingo de Acassuso cumplió su promesa el 14 de octubre de 1706 cuando rubricó la escritura de fundación de la Capilla y Capellanía de San Isidro Labrador.

La religiosa gratitud de nuestro personaje no se vio colmada con la capellanía, ya que en 1721 inició las obras para erigir una nueva capilla bajo la advocación de San Nicolás de Bari en los arrabales de Buenos Aires (precisamente en el lugar delimitado por las actuales calles Cerrito, Lavalle, Pellegrini y Corrientes), incluyendo una casa para “doncellas huérfanas y pobres”.

Acassuso no vio concluido este templo. Murió mientras inspeccionaba las obras, el 8 de febrero de 1727, al caer desde un andamio.


-> Bernardo Lozier Almazán
Director del Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal.

 

 

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