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Domingo de Acassuso (Parte I)
   
Tratando de establecer el origen de la devoción de Domingo de Acassuso por San Isidro Labrador es necesario zambullirse en la “Guía de Forasteros para el Virreynato del Río de la Plata para 1803” del historiador José Joaquín de Araujo (1762-1835). En el tomo IV de agosto de 1864 se hace referencia al pueblo de San Isidro en la cual textualmente manifiesta  que “En alivio de aquellos vecinos determinó el Capitán Don Domingo de Acassuso, natural de Madrid y vecino de esta capital, erigir una capilla a su costa, dedicada a San Isidro Labrador…”

Por su parte Rómulo Avendaño en su obra “Apuntes históricos sobre el Partido de San Isidro” (1869), posiblemente la primera monografía sanisidrense dice: “viose en el (sueño) como edificador de una iglesia a San Isidro Labrador, patrono de su ciudad natal, Madrid”.

Además de Avendaño, otros autores como Mariano Pelliza, Manuel Ricardo Trilles, Enrique Obarrio, Juan José Viedma, el presbítero Francisco Actis han sostenido que Domingo de Acassuso era nacido en Madrid. Sin embargo dos autores, Alberto A. Wildner-Fox y Raúl A. Molina aportaron los primeros indicios de que Acassuso no era de Madrid sino de vasco.

Estos autores dejaron al descubierto que la supuesta natalidad madrileña de Domingo de Acassuso se fundaba en un falso planteo deductivo: Si Acassuso había fundado una capilla bajo la advocación de San Isidro Labrador, Santo Patrono de Madrid, debía ser indudablemente madrileño.

Lo erróneo repetido constantemente –como tan comúnmente ocurre- terminó por ser aceptado como verdadero. Acassuso no fue madrileño ni vino con el grado de capitán.

Domingo de Acassuso nació, probablemente en el año 1659 en el barrio de Llantada del Concejo de Zalla, situado en un valle que atraviesa el río Cadagua, en la parte sudeste de las Encartaciones de Vizcaya, cerca de la villa de Balmaceda. Fueron sus padres Domingo de Acassuso y Ortiz de Sollano, y de María de Terreros y Baluga, casados el 15 de agosto de 1639 en la parroquia de Nuestra Señora de la Peña de la Herrera, concejo de Zalla.

Según los testimonios, los Acassuso eran de probada hidalguía comarcana y poseían desde tiempo inmemorial el Patronazgo gentilicio de la capilla de San Isidro Labrador “y tierras anexas”, en Zóquita, lugar muy cercano a Zalla, lo que revela el verdadero origen de la devoción familiar por el Santo Labriego, bajo cuya tutela se habían confiado.

La historia rioplatense de Acassuso podemos iniciarla el 21 de febrero de 1681, cuando los capitanes Juan de Armaza y Diego Morón pasaban revista a las recién llegadas compañías de infantes reclutados el año anterior en Sevilla y otros lugares de Andalucía para reforzar la defensa de estos dominios hispánicos ante la constante expansión portuguesa.

Luego de una larga travesía –iniciada el 10 de octubre de 1680- aquellos soldados desembarcaban de los dos navíos de doble apelativo: el “Nuestra Señora del Rosario, San Miguel de las Ánimas” y el Nuestra Señora del Populo, Santa Bárbara”, cumpliendo las formalidades exigidas por las autoridades coloniales.

Así fue como le llegó el turno a un joven vizcaíno que se identificó ante el escribiente declarando ser: “Domingo Cazuzzo”, o al menos así lo entendió el funcionario, ya que de esa manera quedó asentado el apellido del fundador de nuestra capellanía.

Los datos completos de la filiación de Domingo de Acassuso quedaron anotados en un libro encuadernado en pergamino que conserva la revista practicada aquel 21 de febrero de 1681 por los capitanes Armaza y Morón, cuya descripción literal es la siguiente: “Domingo Cazuzzo. H. del miso. nl. Consejo de Zalla, en el Señorío de Vizcaya, medo, algs. oyos de virus en la nariz, 22 id.” (lo que debería entenderse como: Domingo de Acassuso, hijo de otro Domingo de Acassuso, natural del Concejo de Zalla, en el Señorío de Vizcaya, mediano (de estatura), algunos hoyos de viruela en la nariz, 22 años, soldado).

Este documento que lo debemos considerar el primer testimonio referente a Domingo de Acassuso en Buenos Aires, además de proporcionarnos sus señas personales, nos revela su simple condición de soldado descalificando la versión de algunos historiadores que le han atribuido un generoso grado de Capitán.

Lo cierto es que el joven Domingo de Acassuso llegó al Puerto de Buenos Aires con muy escasos doblones en su faltriquera, contando solamente con la menguada paga de su oficio de soldado y una buena dosis de ilusiones.

-> Bernardo Lozier Almazán
Historiador, ex director del Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal

 

 

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