San Isidro, Buenos Aires | |

 

 

 

 

 

 

     
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  .: APRENDER A CUIDAR

 
San Isidro adhirió al Programa Nacional de Uso Racional y Eficiente de le Energía.
   
La comuna sanisidrense se sumó a la iniciativa mediante el decreto Nº 16/08, que lleva la firma del intendente, Dr. Gustavo Posse.

La medida dispone una serie de normas destinadas al ahorro energético, que deberán cumplir todas las dependencias comunales. Determina, por ejemplo, regular la temperatura de refrigeración de los equipos de aire acondicionado en 24ºC, "adoptando las medidas del caso para evitar la pérdida de energía por intercambio de calor con el exterior".

Fija además que se debe proceder al apagado de las luces ornamentales de los edificios municipales, así como de todo dispositivo del mismo carácter que requiera energía para su funcionamiento, a las 0:00 horas.

El decreto establece que se deberán realizar las tareas de los edificios municipales con luz natural y dispone -salvo excepciones que lo justifiquen-, proceder al apagado de luces interiores, aires acondicionados y equipos de computación a las 19:00 de cada día.

El decreto referido, fija que deberá acentuarse el control del sistema de iluminación pública a fin de evitar el consumo innecesario de energía, así como también dispone la baja de la intensidad lumínica en los distintos parques y paseos municipales, salvo problemas de seguridad que justifiquen el incumplimiento de lo pautado al respecto.

En cuanto al alumbrado público, es de recordar que desde 2003 San Isidro cuenta con un sistema absolutamente normatizado, habiendo sido el primer municipio el alcanzarlo. Su parque actual de luminarias es de 36.000. Todas ellas son a vapor de sodio (SAP) de 150 w, 250 w y 400 w, éstas útlimas en avenidas, que comparativamente con lámparas convencionales, de mercurio, mezcladoras, etc., tienen mucho menor consumo y mayor poder lumínico.

Con idéntico criterio, la comuna invita a a los responsables de las distintas áreas municipales a adoptar toda otra medida en tal sentido y a elevar propuestas sobre el particular.

Finalmente, invita a las cámaras empresarias, entidades de bien público, organizaciones no gubernamentales y entes estatales con sede en San Isidro a adoptar medidas similares a las mencionadas.


Decisiones acertadas

Desde que Thomas Edison inventó la bombilla eléctrica incandescente en 1879, el mercado de la iluminación evolucionó de forma continuada hasta llegar al amplio catálogo de lámparas actuales, que cada vez consumen menos y duran más. No obstante, es recomendable elegir bien qué lámpara se compra para no asustarse con la factura ni contribuir a la degradación del medio ambiente.

El gasto en iluminación representa cerca del 15% del consumo total de electricidad de cada casa. Prestar atención al etiquetado ayuda a elegir una bombilla duradera y económica. Pero hay otros aspectos a tener en cuenta: por ejemplo, saber dónde debe depositarse la lámpara quemada.

La lámpara de bajo consumo o lámpara fluorescente compacta contiene mercurio y metales pesados, elementos tóxicos que requieren un tratamiento especial, por lo que deben depositarse en un punto limpio, nunca con el resto de basura.


Pueden afectar la salud

Marisa Dotor, física del Instituto de Microelectrónica de Madrid (CSIC), explicó que las lámparas de bajo consumo son lámparas encapsuladas, que en principio no presentan fugas de mercurio, pero advierte de que pueden resultar muy contaminantes cuando caen al suelo o estallan dentro de un contenedor de vidrio.

Gustavo Boggio Marzet, integrante del Centro de Física y Meteorología del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), aclaró que las lámparas de bajo consumo no son para usar indiscriminadamente en cualquier lugar, porque no se pueden realizar muchos encendidos y apagados.

Sostuvo, además, que si bien estas bombitas gastan menos energía eléctrica, hay algunas marcas que prometen un rendimiento de determinadas cantidad de horas que después está lejos de cumplirse. Boggio Marzet explicó que a fines de 2006 realizó un estudio sobre un lote de 17 marcas de lámparas de bajo consumo de procedencia china con un resultado variado. “Aproximadamente el 70% de las unidades de una marca, en las primeras 100 horas vida, se quemó, mientras el envase decía que duraría entre 3.000 y 8.000 horas”, alertó.

El especialista señaló, además, que los focos de bajo consumo entregan mucho menos cantidad de luz, mientras que la máxima cantidad de luz no la dan en forma instantánea, sino entre los 10 y 15 minutos posteriores al encendido.

Paralelamente, en una entrevista con la BBC, el toxicólogo inglés David Ray explicó que los usuarios domésticos deben tomar precauciones razonables si una de estas lámparas se rompe, dado que contienen mercurio, metal que -en contacto con el cuerpo- puede resultar tóxico para la salud. Ante esta situación, el especialista recomendó usar una aspiradora para recolectar los restos de la lamparita cuando se rompe y ventilar el ambiente. Al igual que en la Argentina, el Gobierno inglés implementa un plan de recambio de lamparitas que finalizaría cubriendo todo el país en 2011, de allí las recomendaciones del toxicólogo británico.

El ingeniero Marzet, explicó que las lámparas que cambiará gratuitamente el Gobierno “todavía no tienen un tratamiento posterior para su reciclaje” y confirmó que poseen mercurio. Indicó además que el plan de reciclado debería incluir un buen estudio porque “lo ideal” es que el contenido de las lámparas “no llegue a las napas de agua”.

Según el experto, en el laboratorio “hicimos una serie de mediciones para el cumplimiento de los parámetros lumínicos” aunque no se realizaron testeos sobre la cantidad de mercurio o el impacto ambiental de millones de lámparas de desecho.


El mundo se ocupa del tema

Australia se está convirtiendo en un ejemplo para el resto de países en la lucha contra el efecto invernadero. Sus responsables gubernamentales confirmaban recientemente la retirada en 2012 de todas las bombillas incandescentes de su mercado para sustituirlas por lámparas fluorescentes compactas (CFL).

Este tipo de lámparas, también llamadas de bajo consumo, necesitan un 75% menos de energía para producir la misma luz que las incandescentes, lo que significa un considerable ahorro energético y una importante reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

En la Unión Europea (UE), los planes de reducción de emisiones de GEI cuentan entre sus medidas la implantación progresiva de las lámparas de bajo consumo. Si se sustituyeran en la UE las antiguas lámparas, se podrían cerrar 25 centrales de energía de tamaño medio, evitando la emisión de 20 millones de toneladas de CO2. Según Greenpeace, la mayoría de las bombillas de los hogares europeos pierden más del 90% de la electricidad en forma de calor.

Según el Instituto norteamericano de Políticas de la Tierra, dedicado a promover el desarrollo sostenible, si todos los países sustituyesen las incandescentes por bombillas de bajo consumo, la caída del uso mundial de electricidad permitiría el cierre de más de 270 centrales eléctricas de carbón de 500 megavatios (MW).

Las autoridades de la provincia canadiense de Ontario se han comprometido también a promover la compra de modelos fluorescentes CFL. Sus responsables estiman que sustituyendo los 87 millones de bombillas incandescentes de su provincia lograrán reducir el consumo energético de 6 millones de MW/hora al año, el equivalente a la contaminación ocasionada por 250.000 coches.

En Estados Unidos, país que produce la cuarta parte del total de los gases de efecto invernadero (GEI) están surgiendo algunas iniciativas de gran importancia. En California, el estado más poblado, el legislador Lloyd Levine propone la eliminación paulatina de las lámparas incandescentes para 2012.

Por su parte, el estado de Nueva Jersey está a punto de obligar a los edificios gubernamentales a sustituir todas las bombillas de alto consumo para 2010, dentro de los esfuerzos para promover en todo el estado una iluminación más eficiente.

Además de las iniciativas institucionales, diversos grupos ecologistas y empresariales se suman a esta campaña para acabar con el uso de las bombillas incandescentes. Hace unos meses, diversas asociaciones ambientalistas y la corporación Philips Lighting, lanzaban una campaña para que las cerca de 4.000 millones de bombillas de todo el país sean antes de 2016 de bajo consumo.

Las empresas Yahoo! y Nielsen han puesto en marcha una curiosa web, 18seconds (el tiempo que cuesta cambiar una bombilla), en el que informa del número de lámparas CFL vendidas en EEUU.

Philips, el mayor fabricante de iluminación del mundo, ha anunciado planes para interrumpir la comercialización de incandescentes en Europa y Estados Unidos antes del 2016. La mayor cadena de supermercados del mundo, Wal-Mart, se ha propuesto duplicar su venta de lámparas de bajo consumo hasta alcanzar los 100 millones para fines de este año.

Asimismo, el responsable del Instituto de Políticas de la Tierra recuerda que este cambio es también muy importante para los países en vías de desarrollo y de crecimiento rápido, como China y la India, afectadas gravemente por la contaminación del aire. En este sentido, por ejemplo, las autoridades indias tienen la intención de prohibir la venta de estas bombillas incandescentes. En opinión de Greenpeace se trata de una medida vital, dado que sólo 10 millones de las 650 millones de lámparas vendidas cada año en este país son de bajo consumo.


El importante papel de los consumidores

Según el Instituto de Políticas de la Tierra, el principal reto reside en que los consumidores sean conscientes de que cambiarse a bombillas de bajo consumo reduce de manera importante las facturas mensuales de la electricidad y recorta las emisiones de GEI. Por otra parte, los consumidores también pueden reclamar a los responsables institucionales que actúen con medidas para apoyar este cambio.

No encender las lámparas de bajo consumo, salvo que vayan a mantenerse encendidas durante al menos 20 minutos, es otra forma de ahorro. Primero, porque su mayor consumo se produce al conectar el interruptor. Y también porque su vida se acorta cuando son encendidas y apagadas de manera constante.

También son aconsejables las lámparas de bajo consumo con encendido de tipo electrónico -gastan menos y soportan mejor un mayor número de encendidos-, así como la instalación de detectores de presencia en pasillos y entradas.


El futuro

Una novedad del mercado es la iluminación por LED, pequeñas luces presentes en faros de coches, semáforos y piscinas climatizadas que utilizan bajo voltaje. Sólo precisan entre el 5% y 10% de la potencia del domicilio, así que el futuro hogar debería disponer de dos instalaciones eléctricas para no derrochar luz ni potencia: una de bajo voltaje para iluminación y otra de alto voltaje para los electrodomésticos. Incluso, se pueden conectar a energía solar o baterías.

Tipos de lámparas

  • De bajo consumo: La bombilla de bajo consumo o lámpara fluorescente compacta gasta un 80% menos de energía que las incandescentes o tradicionales, dura entre 8 y 15 veces más y, aunque su precio es elevado resulta económica, por su larga vida.
  • Incandescente: Las incandescentes son las más comunes. Emiten luz ligeramente amarillenta y cálida, y poseen un filamento de tungsteno que se ilumina al calentarse a 2.000 ºC. Sin embargo, son las más ineficientes, ya que el 90% de la energía la transforman en calor y sólo el 10%, en luz. Su precio es el más barato y duran 1.000 horas.
  • Halógena: Las halógenas proporcionan más luz (y más blanca) que las incandescentes, con el mismo elevado consumo. Utilizan bajo voltaje (12 voltios) y convierten el alto voltaje de los hogares con un transformador. Tienen la ventaja de durar el doble o el triple: la media es de 3.000 horas.
  • Fluorescente: Los tubos fluorescentes requieren un gran consumo de electricidad en el momento de encenderse, por lo que es recomendable que se mantengan encendidas un largo tiempo, y no apagarlas y encenderlas de forma continuada. La media de vida de cada tubo es elevada, unas 8.000 horas.
  • LED: Los LED son pequeños puntos de luz que consumen muy poca energía, un 90% menos que las incandescentes. Son indestructibles y no contaminan, incluso si se rompen. Utilizan bajo voltaje y duran millones de horas, su precio es elevado y, por ahora, sólo se usan en coches, semáforos o piscinas.
 
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