Hoy 14 personas se quitarán la vida y mañana serán otros 14
Las evidencias sobre el estado de la salud mental de los argentinos no son difíciles de encontrar.
En la vida cotidiana se observan no pocos comportamientos que demostrarían que aunque no haya un diagnóstico profesional, algo serio está pasando en la vida de muchos.
La intolerancia extrema a las opiniones distintas, el altísimo consumo de alcohol y drogas, los generalizados fracasos amorosos, haber abortado o favorecido un aborto, el rechazo al cumplimiento de las reglas básicas de convivencia, la afiebrada idea de que se puede "nacer en el cuerpo equivocado", el desprecio al prójimo expresado de mil maneras, sumado a la marginalidad, el desastre educativo, la crisis laboral y la frustración por no alcanzar los proyectos de rápido éxito personal que se ofrecen a diario en las redes, hablan de un estado general que no puede tener buenas consecuencias.
De acuerdo con las cifras publicadas por el Ministerio de Seguridad de la Nación a través del Sistema Nacional de Información Criminal y el Observatorio de Política Criminal, el registro alcanzó 5.209 muertes en 2025, lo que representa que más de 14 personas se quitaron la vida cada día. Se trata de la tasa de mortalidad por suicidio más alta registrada en la historia del país: 11,8casos por cada 100.000 habitantes.
Entre 2017 y 2025, la cantidad anual de suicidios subió un 57,6%. El incremento respecto a 2024 marca una subida interanual del 22,6%.
AÑO
TOTAL DE CASOS
POR DÍA
2017
3.304
9
2020
3.171
8,7
2022
3.949
10,8
2023
3.488
9,5
2024
4.249
11,6
2025
5.209
14,3
Como fenómeno estructural, la violencia autoinfligida en Argentina ya cuadriplica la tasa de homicidios dolosos (3,6 por cada 100.000 habitantes). Asimismo, se mantiene una constante en la distribución por sexo: el 80% de las muertes corresponden a varones.
El grupo etario joven es el que mayor impacto negativo ha mostrado en la curva evolutiva reciente: El suicidio es la primera causa de muerte violenta entre las personas de 15 a 34 años.
Las estadísticas por edad ubican la mayor concentración absoluta de muertes entre los 20 y 34 años (con promedios de entre 500 y 570 casos anuales por quinquenio), seguidos por la franja adolescente (15 a 19 años), con cerca de 380 a 400 casos por año.
Especialistas señalan a los efectos de las restricciones generales y el aislamiento en tiempos del Covid19, con trastornos depresivos y de ansiedad, la sobreexposición a pantallas de celulares y computadoras, las omnipresentes redes sociales, la precariedad laboral y la falta de horizontes socioeconómicos previsibles.
Si bien el mayor número absoluto de fallecimientos se registra en adultos jóvenes, los adultos mayores presentan particularidades críticas: La población mayor de 65 años (y de manera acentuada en varones de más de 75 y 80 años) sostiene históricamente una de las tasas proporcionales por habitantes más elevadas.
Las causas predominantes giran en torno al aislamiento social, la pérdida de redes de apoyo, el duelo por la pérdida de la pareja, diagnósticos de enfermedades crónicas o neurodegenerativas y el deterioro de la autonomía funcional.
Vale considerar que esas 100 personas que cada semana logran quitarse la vida influyen en la realidad. Cada uno está en problemas serios aunque no parezca y ese estado de profunda vulnerabilidad lo acompañó al trabajo, a estudiar, al conducir, a votar en las elecciones, a festejar un gol de la selección, a la reunión familiar.
Y, como es lógico, cada uno que se suicidó, sea un adolescente o un adulto, provocará dolor, angustia, sentimientos de culpa y otras consecuencias en los que lo sobreviven, favoreciendo un círculo de daño en la salud mental general.
Ante las dificultades que provoca no contar con un entorno afectivo o referentes válidos en quien confiar, se suma un aspecto básico que afecta a miles: la mala educación.
Y no me refiero a la sobreabundancia de insultos y groserías que atraviesa livianamente todo, sino una escuela que no educa ni favorece la lectura y el afán de conocimiento.
Sin lectura ni un medio ambiente propicio al crecimiento intelectual, es muy difícil tener palabras para expresarse. Y sin este recurso básico, también es complejo poder decir lo que uno siente. Sin un “a quien” y sin un “cómo”, el “qué” se queda escondido, privado de libertad.
Resolver esta tragedia DIARIA de 14 suicidios, 11 abortos, 22 muertos en incidentes de tránsito, 15 mujeres fallecidas por cáncer de mama, no se resuelve con discursos de ocasión o incluso con notas de análisis como esta, sino con acciones concretas desde el Estado en todos sus niveles y con el compromiso de quienes sepan comprender la magnitud del problema.
¿Un hijo, un amigo, un conocido del barrio, del trabajo, un hermano estará entre los 14 que se suicidarán hoy?