Gobiernos y empresas no dejan de informar con especial énfasis sobre la utilización de programas asociados a la llamada inteligencia artificial para el procesamiento de datos y la prestación de servicios.
Tal uso brinda una mejora en la rapidez y precisión de ciertos procesos, al mismo tiempo que se reemplazan puestos de trabajo por máquinas y programas.
Y a eso se le suma que cada vez más gente utiliza plataformas con la misma tecnología para armar volantes (flyers) que publicarán en redes sociales para promover un emprendimiento, un espectáculo o buscar una mascota perdida. Hasta hace un tiempo, estos diseños eran tarea de diseñadores profesionales o, al menos, de personas familiarizadas con Photoshop, Ilustrator o programas similares.
De todos modos, en este punto esa aparente "democratización" del diseño grafico tiene fallas evidentes: las imágenes generadas carecen de verdadera creatividad y son muy parecidas entre ellas.
Por otro lado, como ya se ha señalado bastante, recurrir a Gemini o ChatGPT, por mencionar los caminos más conocidos, para elaborar un texto, un informe o resumir un documento, va mellando la inteligencia verdadera. No leer, no investigar, no buscar los términos adecuados, no elaborar una síntesis del modo que la propia (y verdadera) inteligencia puede hacerlo, es como usar muletas pudiendo caminar sin ellas. ¿Se tarda un poco mas? Si. ¿Es es eso tan importante? No siempre.
Es verdad que muchos buscan justificar el uso de estos programas digitales nutridos con cientos de procedimientos y con accesos a gigantescas bases de datos, en la rapidez, precisión y eficiente utilización de recursos en distintos campos de la ciencia, la tecnología y la industria. Y puede ser que estén en lo cierto. Pero no dejan de ser verdaderas también las consecuencias sociales, ecológicas y educativas.
La llamada inteligencia artificial (IA) genera un calor intenso en los servidores de las empresas que proveen sus plataformas.
Por ese motivo se utilizan sistemas de refrigeración líquida y torres de enfriamiento que dependen del agua.
Existen dos fases principales de consumo: cuando a la aplicación se le registran procedimientos (cuando "aprende") accediendo a millones de datos y cuando luego los usuarios interactúan con el sistema y le piden la corrección de una imagen, la respuesta a una pregunta o la elaboración de un informe. Cada vez que Gemini o ChatGPT procesa una consulta, consume recursos hídricos.
Se discute la cantidad de agua que se desperdicia, pero nadie niega que existe un altísimo consumo de un bien agotable y fundamental al que no todos en el mundo tienen acceso.
En la Argentina, aproximadamente el 10,3% de la población no tiene acceso a agua corriente potable, lo que representa a casi 4,7 millones de personas (Fuente: INDEC). A nivel mundial 2.200 millones de personas (el 26%) no cuenta con agua potable segura.
Sea para la refrigeración de los servidores o por la utilización de la energía que consume, la IA reclama grandes volúmenes de agua directa o indirectamente.
Hay estudios que señalan que para 2030, el consumo de agua asociado al uso de la inteligencia artificial será equivalente al de 1.300 millones de personas.
El funcionamiento de la IA implicará la ocupación de 14.500 km2, entre infraestructuras y cadena de suministro.
El gobierno de Javier Milei impulsa a la Patagonia como un polo global de Inteligencia Artificial bajo el argumento del aprovechando su clima frío y la energía accesible.
El plan es facilitarles todo a gigantes tecnológicos para que realicen inversiones, eliminando barreras legales y cuestiones impositivas, aunque eso implique la pérdida de control de territorios y el despilfarro de agua y energía en un país que aún tiene millones de ciudadanos desprovistos de agua potable y cloacas.
Como si esto fuera poco, se estima que, para 2030, la infraestructura de la Inteligencia Artificial generará en el mundo 2.500.000 de toneladas anuales de basura electrónica (básicamente procesadores obsoletos), y mucha de esa basura se acumulará en países con bajos recursos.
Se estima que el "entrenamiento" de un modelo de lenguaje, como ChatGPT, consume millones de litros de agua en concepto de refrigeración.
Por cada 20 respuestas que esa aplicación da a cualquier usuario, se consume 1 litro de agua.
Habrá quienes menosprecien este gasto, pero seguramente cambiará su actitud cuando el agua le empiece a escasear, y sea multado por lavar el auto o regar las plantas, como ya sucede, por otros motivos, en algunas ciudades del mundo.
Puede ser que algunos piensen que no usar siempre IA no hará grandes diferencias en el derroche de agua potable. Puede ser.
Pero nada mas satisfactorio que saber que se está haciendo lo correcto o, al menos, reduciendo los daños.
FUENTES: National Geographic / El País