Aunque había dicho con soltura y aparente convencimiento que era un partido de fútbol, que se gana o se pierde, que todo lo hecho era muchísimo y motivo para estar felices, que cuando todo terminara al día siguiente había que seguir trabajando, el directo técnico de la selección Leonel Scaloni mostró con sus lágrimas incontenibles que ganar era fundamental.
Su "dolor en el alma", vale decirlo, tal vez estuvo motivado en darse cuenta de que todo lo que pueda venir, no será igual. Sin Leonel Messi, posiblemente sin otros, el equipo no será el mismo. Una etapa se cierra después de haber logrado 85 victorias y 4 títulos (Copa América 2021 y 2024, Finalissima 2022 y Mundial 2022).
Por su parte, el equipo con sus lágrimas, caras largas y absoluto silencio, también expuso que sólo ser campeones otra vez le daba sentido a todo. Que el subcampeonato vale poco para un grupo acostumbrado a ganar.
Como si fuera poco, la pelea, los empujones, los insultos en el campo de juego al terminar el partido, mostraron que los buenos conceptos expresados luego de cada triunfo enmascararon aspectos y sentimientos que merecen ser trabajados personalmente y en conjunto. Saber perder, ser realmente competitivos, es mantener la templanza, la altura.
El partido final ante España fue un cúmulo de faltas de ambos lados (algunas cobradas por el árbitro y otras no, muchas simuladas y otras no), imprecisiones, dificultades para concretar. El equipo español acosó el arco argentino en más de un momento y la genialidad de "Dibu" Martínez evitó que el resultado fuera una masacre.
La victoria no borra los errores
Si el equipo argentino hubiera acertado en alguno de sus intentos de gol y hubiera defendido aún mejor, tal vez habría ganado. Pero eso no cambiaría que, lamentablemente, esté naturalizada la simulación de faltas para sacar ventaja. Todos los equipos, en mas o en menos, lo hacen. Incluso grandes jugadores, como Messi o Ronaldo, buscan "fabricar" faltas para obtener un tiro libre o un penal. Cuando esta trampa la hace el equipo contrario, los relatores y comentaristas se quejan y condenan. Cuando el engaño lo hace uno de los propios, se celebra. Mucho más si se logra el objetivo de sacar ventaja.
Embanderados
A medida que pasaban los partidos, acercándose a la final, muchas casas, comercios y autos comenzaron a verse adornados con banderas argentinas, una escenografía que, sin dudas, era muy grata.
Aunque muy posiblemente no suceda, bueno sería que por razones mucho más trascendentes que el fútbol, como las fechas patrias, las banderas no dejen de flamear por doquier. Incluso no debería haber razones de calendario para ello: todos los días son ideales para exhibir nuestro orgullo por la celeste y blanca.
Afortunadamente, muchísima gente salió a las calles a celebrar por todo lo hecho por el seleccionado. Raro que un país que nunca celebra un segundo puesto haga eso. Eso es un gran cambio y ojalá continúe.
Malvinas, la cuarta estrella
La prohibición de no darle lugar a la causa Malvinas, una tema que inevitablemente iba a aparecer ante el partido con Inglaterra, fue una bajeza de parte la FIFA como una traición al sentir nacional de parte de las autoridades argentinas.
No obstante, la ocurrencia de un grupo de hinchas de armar una bandera, de llevarla al estadio y dársela a los jugadores, fue un acto celebrado por todos los argentinos (salvo algunos que poco entienden de valores y patrimonio). Exhibir ese lienzo en un partido de altísima visibilidad internacional fue un gesto valioso y coherente con lo que venía demostrando deportivamente el seleccionado argentino. Ese día ganaron la cuarta estrella que nadie le podrá quitar.
Ojalá otros equipos en circunstancias similares tengan el coraje de aprovechar el momento para darle luz a lo que muchos quieren ocultar.
Los negocios contra el deporte
Sería bueno que no continúen en próximos torneos mundiales o continentales, ni la mentira de las "pausas de hidratación" (burdas excusas de facturación comercial) ni los espectáculos del entretiempo (intromisión de cantantes, bailarines y discográficas para robarse la atención que jamás podrían lograr de otro modo). Y sería genial que desaparezcan los auspicios de empresas de apuestas, que ya bastante daño hacen.
Aprendizajes
Quedarán como tareas para todos (futbolistas y sociedad), llevar a la vida cotidiana la convicción de que la trampa (aunque esté disfrazada de picardía) desluce toda victoria; que Dios nos regaló talentos, dones que merecen potenciarse con esfuerzo, nobleza y agradecimiento; que las palabras deben ser sincera expresión de lo que pasa en el corazón; que la simulación, tarde o temprano, se pone en evidencia; que las derrotas y las dificultades nos dan más posibilidades, nos hacen crecer más, que las victorias.
-> Alberto Mora