Las sensaciones gratas que ha generado y potenciado el seleccionado argentino de fútbol con su desempeño en el Mundial 2026 son muchas, tanto a sus connacionales como a extranjeros que, en estos últimos años, se han vuelto fanáticos seguidores. Sin dudas, Leonel Messi es uno de los máximos culpables.
Pero si el modo en el que juegan -y ganan- despierta asombro y admiración, mucho más generan las declaraciones de los jugadores y del director técnico Leonel Scaloni.
Aunque hay ocasiones en las que hemos escuchado frases de ocasión, comentarios calculados "porque convienen", este grupo de hombres nos inspira transparencia y sinceridad.
Varios jugadores han dicho al concluir exitosamente los partidos mundialistas, cansados y felices, que son familia.
Familia no es perfección ni absoluto orden, pero sí predisposición y previsibilidad, actitud y sana fluidez. Familia es mucho más que amistad, muchísimo más que un grupo eficiente de trabajo. Familia es prioridad y es cimiento.
El apoyo mutuo, la comprensión antes que el reclamo, las palabras bienintencionadas y la certeza de que, a pesar de todo y pase lo que pase, estaremos ahí siempre para celebrar, para acompañar, para seguir adelante.
Esa autodefinición de parte de los jugadores del seleccionado, esa precisa sencillez en cómo llamar a las cosas, guardándose lo que merezca ser reservado y ponderando el honor de estar juntos en cada desafío, son expresiones de altísimo valor en estos tiempos inacabables de fisuras y recelos en la sociedad y en las familias.
Ojalá muchos comprendan -comprendamos- que es preciso restaurar el sano deseo de formar familias reales, verdaderas, plenas. La Argentina lo necesita.