Con la imposición de las cenizas, este miércoles -18 de Febrero- comienza la Cuaresma, una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.
Este tiempo vigoroso del año litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "Convertíos".
Este imperativo es propuesto a los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.
La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en cada uno -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.
Muchos, tal vez alejados de la actualidad de la Iglesia, se han quedado con la idea de que se exige ayuno de comida, del mismo modo que se supone que en Semana Santa no se debe comer carne y se vuelcan a comer pescado. Un poco costumbre y, sobre todo, lejanía del mensaje de Jesús.
El ayuno es, en cierto modo, de los excesos a los que nos volcamos y que nos alejan del equilibrio, la moderación y la generosidad que nos pide Dios.
No está mal asumir que es bueno ser más medido en la comida, comer sano, liviano y menos, al mismo tiempo que se hace algo concreto por acercar ayuda al prójimo. Esto se entiende como un alejamiento de lo material y acercamiento a quien necesita. No es una imposición, es una invitación a vivir cristianamente.
El ayuno también debe entenderse como una forma de privación de aquellas actitudes, hábitos y situaciones que pueden ser placenteras -incluso buenas- pero que alejan de Dios. Es frecuente ver que se va reemplazando el lugar de privilegio que debe darse cotidianamente al Creador y Él invita a reflexionar y pedir su ayuda para actuar en consecuencia.