Nadie que tenga afectos sanos, frecuentes y abundantes -a pesar de estar enfermo o limitado- desea ser asesinado o suicidarse.
Para que ese impulso nazca o se potencie es preciso un quiebre íntimo, profundo, una herida abierta, carecer de un motivo (uno por lo menos) para vivir.
Esto último es lo que empuja a que en la Argentina unas 11 personas por día se suiciden (datos de 2024). Una evidencia contundente del estado de la salud mental y de los vínculos en nuestro país.
Al Congreso argentino en los últimos tiempos ingresaron varios proyectos para legalizar la eutanasia con los consabidos y falsos argumentos de evitar el sufrimiento, cuando no es otra cosa que un paso más en la pendiente resbaladiza del negocio de la cultura de la muerte.
El despropósito de la eutanasia o el suicidio asistido es legal en sólo el 4% de los paises: Países Bajos (fue el primero), Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Colombia, España, Nueva Zelanda y Uruguay.
En Canadá, país que suele citarse como modelo de economía y desarrollo, la eutanasia se ha llevado la vida de 76.000 personas desde 2016. Unos 26 muertos por día.
En 2024 la tercera parte de las personas fallecidas por eutanasia en ese país (legal desde hace casi 10 años) tenían alguna discapacidad, y 1 de cada 4 eligió la inyección letal debido a la soledad.
Así lo consigna una nota publicada en el medio Religión en Libertad, mostrando un crecimiento bestial de casos de eutanasia desde que fue legalizada en ese país en 2016.
En aquel país, al igual que en la Argentina y otras naciones, la destrucción de un sano entramado social, la pérdida de buenos valores y la aparición de proyectos de éxito solo basados en cuestiones materiales, empuja a un peligroso sinsentido de la existencia, cuyas consecuencias no pueden ser buenas.
Canadá publicó en el 6° informe anual sobre la eutanasia que en 2024 fallecieron mediante la denominada Asistencia Médica para Morir (Medical Aid in Dying, MAiD) 16.499 personas, un 6,9% más de las que 15.247 que murieron en 2023.
Desde la legalización de la eutanasia el aumento porcentual ha sido del 1.520%, cifra monstruosa que debería servir de advertencia a todos aquellos que quieren aprobar una ley sobre la "buena muerte" en la Argentina.
Desde que en Canadá se aprobó en 2021 la ley C-7 -que garantiza el acceso a la eutanasia incluso a las personas cuya muerte no es "razonablemente previsible" (el denominado Track 2)-, el número de personas con discapacidad asesinadas con la ayuda de la MAiD ha aumentado de forma desmesurada.
Si el número de muertes aumentó un 6,9% en 2024, el de los casos incluidos en el Track 2 creció un 17%. Si en 2021 murieron 224 pacientes Track 2, en 2022 la cifra ascendió a 469, en 2023 a 625 y en 2024 a 732. Una diferencia del 230%
La ley establece que, para acceder al Track 2, el enfermo debe padecer una "afección médica grave e irreparable", pero lo que esto significa concretamente, nadie lo ha establecido nunca por ley, publica Religión en Libertad.
Si bien la eutanasia se aprobó en Canadá bajo el argumento de aliviar el sufrimiento de los enfermos, el dolor no es de las causas que llevan a los canadienses a solicitarla.
Las cinco primeras razones citadas por los enfermos que solicitaron la eutanasia en Canadá en 2024 son:
1) pérdida de la capacidad para realizar actividades significativas,
2) pérdida de la capacidad para realizar las actividades más comunes de la vida diaria,
3) pérdida de independencia,
4) pérdida de dignidad
5) malestar emocional, ansiedad, miedo y sufrimiento existencial.
El dolor ocupa el sexto lugar.
En 2024, el 31,6% de todos los casos de eutanasia han estado relacionados con personas con discapacidad en el Track 1 (4.858) y hasta el 61,5% con el Track 2 (437).
En términos absolutos, 1 de cada 3 canadienses que recibe la eutanasia tiene una discapacidad. Y no 1 de cada 4 personas citó la soledad y el aislamiento como causas principales para solicitar la "buena muerte".
Cabe señalar que en el Track 2, 1 de cada 3 personas tenía problemas de salud mental (además de patologías de naturaleza física). A partir de 2027, bastará con padecer trastornos mentales para solicitar la "buena muerte". Es fácil prever que para entonces se producirá una nueva oleada de casos.
Las leyes, como muchos saben, tienen una faceta educativa de la sociedad. Cuando una ley autoriza algo, eso que autoriza esta bien, es bueno. Cuando la ley declara que algo está prohibido, eso que prohíbe está mal, es nocivo.
Matar seres humanos antes de nacer es malo. Sin embargo la clase política argentina aprobó una ley que permite que HOY se sacrifique a cerca de 300 (*). Y mañana serán otros 300, y pasado otros 300 mas...
Si se avanzara en la Argentina con la legalización de la eutanasia, se estaría enseñando que matar a un enfermo, a un anciano, a un niño (esto pasa en algunos países), está bien, es bueno.
Aunque, como con el aborto, algunos argumentarán que el que no quiere hacerlo no está obligado, abrir más la puerta a una sociedad que descarta, que desatiende porque no entiende, que se insensibiliza ante la muerte provocada y a demanda, hará que el vacío y el declive sean más profundos.
Los que creen estar del lado justo y comprenden que la Argentina está en problemas mucho más complejos que los económicos, no pueden mirar para otro lado.
Informarse sobre el acceso a los Cuidados Paliativos, sobre la asistencia y detección precoz de problemas de salud mental, fortalecer los vínculos familiares y sociales, pueden ser buenos primeros pasos.
-> Alberto Mora
(*) Cifra estimativa de los abortos que se hacen en hospitales y centros de atención primaria de la Argentina. No incluye los que se realizan en ámbitos privados o autogestionados.