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  .: RELIGIOSAS

 
Masones
   
El 21 de Junio pasado el Papa Francisco les habló a los jóvenes de Turín en la Plaza Vittorio sobre la hostilidad que hubo allí contra la Iglesia en épocas de la Revolución Industrial cuando la masonería era especialmente fuerte en esa región. Recordó que en ese ambiente hostil surgieron santos porque los cristianos actuaron "contra la corriente".

"En esta tierra a finales del siglo XIX las condiciones para el crecimiento de los jóvenes eran pésimas: la masonería imperaba, la Iglesia no podía hacer nada, había comecuras, había satanistas... Fue uno de los peores momentos y de los peores lugares de la historia de Italia. Pero en esa época aquí nacieron muchos santos. ¿Por qué? Porque se dieron cuenta de que tenían que ir en contra de esa cultura, de esa forma de vida.”

Al día siguiente, en un encuentro con los salesianos en la basílica de María Auxiliadora, volvió a recordar que en esa época "esta región de Italia estaba llena de masones, comecuras, anticlericales y demoníacos. Turín era uno de los focos demoníacos… Pero, ¡cuántos santos aparecieron!”, exclamó.

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Qué es la masonería

La masonería es una pseudoreligión incompatible con el cristianismo. Sus elementos pseudoreligiosos incluyen templos, altares, oraciones, un código moral, culto, vestimentas rituales, días festivos, la promesa de retribución después de la muerte, jerarquía, ritos de iniciación y ritos fúnebres.

El nombre nace del antiguo gremio de los masones, artesanos que trabajaban en la construcción de grandes obras. Con el tiempo comenzaron a recibir miembros que no eran constructores de oficio y que se hicieron luego mayoría. Pasaron a ser fraternidades  para hacer contactos de negocios y discutir las nuevas ideas que se propagaban en Europa.

La fundación de la masonería ocurre en 1717 con la unión en Londres de 4 gremios para formar la Gran Logia de Masónica. En Francia se fundó en 1736 "El Gran Oriente de Francia".

Mezclaron las enseñanzas de las antiguas religiones y supersticiones paganas para crear una nueva "gnosis" propia de personas ascendidas a un nivel superior.

La masonería se propone como la nueva “religión universal” mientras que las iglesias cristianas son relegadas a la categoría de sectas, aunque públicamente no lo expresen de ese modo. La masonería no solo explota la animosidad contra la Iglesia y el anticlericalismo sino que los fomenta e institucionaliza.


Creencias, doctrina y enseñanzas masónicas

El corazón de la masonería está en su simbolismo, su hermetismo, su mandato de ayuda mutua y sus ritos secretos. Las largas ceremonias se realizan utilizando un léxico, una indumentaria particular y la presencia de numerosos símbolos.

Para los masones verdad, error, pecado, norma, ética, moral, etc.  absoluto e inmutable. El masón rechaza cualquier verdad dogmática o moral objetiva. En particular rechazan a la Iglesia Católica como paradigma del dogmatismo.

Para los masones aquel que intenta vivir una fe revelada es sencillamente un intolerante. No es de extrañar por tanto su anticlericalismo, su oposición a los sacramentos cristianos y su lucha por el laicismo.

La verdadera filosofía masónica es el humanismo secular, una ideología meramente humana proponente del racionalismo y el naturalismo. Según ella, la naturaleza está guiada por la razón que lleva por si sola a toda la verdad y, consecuentemente, a una utopía de libertad, igualdad y fraternidad. La filosofía masónica es precursora de la Revolución Francesa y aparece mas tarde en la filosofía comunista.


Jesús según la masonería

Algunos masones dicen "creer" en Jesucristo pero no creen en Él según el sentido cristiano que lo reconoce como Dios. Ellos lo consideran simplemente como el apóstol de la humanidad por haber superado el fanatismo de los romanos y de los sacerdotes. Jesús es "el Gran Maestro", pero, para no ofender a otras religiones, el nombre de Jesús quedó prohibido en la logia.

La masonería tiene una extensa jerarquía compuesta por 33 grados. El masón "Aprendiz" (1º grado) jura: "No revelaré ninguno de los secretos de la masonería, bajo pena de que me corten el cuello". El masón "Compañero" (2º grado) jura: "No revelaré jamás ninguno de los secretos de la masonería a los que no son masones, ni siquiera a los Aprendices, y esto bajo pena de que me arranquen el corazón y de que mi cuerpo sea arrojado a los cuervos".

Al llegar al 30º grado, se debe pisar la tiara papal y la corona real, simbolizando el repudio a sus mayores enemigos, la Iglesia y el Estado. Entonces se jura liberar a la humanidad "de las ataduras del despotismo" (que se refiere, sobre todo a la Iglesia católica).


La oposición de la Iglesia a la masonería se fundamenta en:

  • Su violación del Primer Mandamiento. Los masones tienen un concepto de la divinidad opuesto al de la revelación judeo-cristiana. No aceptan al Dios Trino, único y verdadero. Su deidad es impersonal. El falso dios de la razón.
  • Su violación del Segundo Mandamiento. El grave abuso de los juramentos en nombre de Dios. Formalmente invocan la deidad en sus ritos de iniciación para sujetar al hombre, bajo sanciones directas, a objetivos contrarios a la voluntad divina
  • Su rechazo a la Iglesia Católica, la cual intenta destruir.

Los principales puntos de confrontación, tras el Vaticano II:

  • El Gran Arquitecto del Universo es un concepto abstracto no un Ser personal.
  • La moral masona no está ligada a ninguna creencia religiosa en particular; se trata de una moral subjetiva.
  • El antropocentrismo propio del humanismo masón choca con el teocentrismo cristiano.
  • La doble moral masona que pregona la libertad absoluta pero exige juramentos iniciáticos e impone normas tremendamente estrictas a sus miembros.
  • La autonomía de la razón masona frente a la relación fe-razón de la Iglesia.
  • El esoterismo y el sincretismo masón que pretende nivelar todas las religiones dándole a Jesucristo el papel de gran maestro al mismo nivel que Buda, Mahoma, Zoroastro, etc. pero eliminando su divinidad.
  • La ambigüedad masona que implica que no es posible conocer la verdad, frente a la revelación cristiana.

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El 24 de abril de 1738 (21 años después de la fundación de la masonería) Clemente XII escribió la primera encíclica contra la masonería ("In eminenti"). Desde entonces ha estado prohibido para los católicos entrar en la masonería. (Los ortodoxos y algunos grupos protestantes también han prohibido en diversas ocasiones la entrada de sus miembros en la masonería).

Algunos puntos de la encíclica Humanum Genus, escrita por León XIII en 1884. Esta es la más extensa y reveladora de las encíclicas que exponen la masonería. Desvela el engaño masónico y sus verdaderos objetivos:

  • El fin de la masonería es derrocar todo el orden religioso y político del mundo que ha producido la enseñanza cristiana y sustituirlo por un nuevo orden de acuerdo a sus ideas.
  • Sus ideas proceden de un mero "naturalismo". La doctrina fundamental del naturalismo es que la naturaleza y la razón humana deben ser dueñas y guías de todo.
  • La masonería reclama ser la religión "natural" del hombre. Por eso dice tener su origen en el comienzo de la historia.
  • El concepto masón de Dios es opuesto al de la Iglesia Católica. No aceptan de Dios sino un conocimiento puramente filosófico y natural. Niegan que Dios haya enseñado algo.
  • No aceptan los dogmas de la religión ni la verdad que no puede ser entendida por la inteligencia humana.
  • La masonería promulga un sincretismo que mezcla desde los misterios de la cábala del antiguo oriente hasta las manipulaciones tecnológicas del modernismo occidental.
  • El emblema masónico del compás y el cuadrante son símbolos de un racionalismo que pretende identificarse con todo lo que es "natural".
  • Enseña que la Iglesia católica es una secta.
  • Su oposición a la Iglesia Católica antecede a la oposición de la Iglesia contra ella. 

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Incompatibilidad entre el Catolicismo y la masonería: ¿Se puede ser masón y católico a la vez?

El Catolicismo es una religión revelada y esencialmente sobrenatural. Por eso la Iglesia debe enseñar con autoridad la doctrina revelada.
La masonería promete la perfección por medio sólo del orden natural y ve el orden natural como el más alto destino.

De lo anterior se concluye que el catolicismo y la masonería son esencialmente opuestos. Si una desistiera de su oposición a la otra, dejaría de ser lo que es.

La encíclica hace una reflexión basada en las "dos ciudades" de San Agustín que representan dos reinos opuestos en guerra. En un lado Jesucristo, en el otro está Satanás. La fuerza detrás de la masonería, causante de sus engaños y su odio a la verdad de Jesús no puede ser sino Satanás, el príncipe de la mentira.

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Otros pronunciamientos de la Iglesia referentes a la masonería

El antiguo Código Canónico del año 1917, condena la masonería explícitamente.

Canon 2335: "Personas que entran en asociaciones de la secta masónica o cualquier otra del mismo tipo que conspire contra la Iglesia y la autoridad civil legítima, contraen excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica".

La Conferencia Episcopal Alemana –luego de estudiar durante 6 años los primeros estadios de pertenencia-, declaró en Julio de 1980: “La pertenencia a la masonería pone en duda los fundamentos de la existencia de Cristo; el examen minucioso de los rituales masónicos y de las afirmaciones fundamentales, como también la constatación objetiva de que hoy no ha sufrido ningún cambio la masonería, lleva a esta conclusión obvia: No es compatible la pertenencia a la Iglesia católica y al mismo tiempo a la masonería”.

La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el 17 de Febrero de 1981, promulgó una clarificación sobre el estado de los católicos que se asocian a la masonería en la que se reafirma la posición tradicional de la Iglesia acerca de la masonería.

El Código Canónico de 1983 no habla explícitamente de la masonería sino que se limita a la siguiente advertencia general contra ese tipo de asociación:
Canon 1374: "Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación, ha de ser castigado con entredicho".

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La masonería en la Argentina apoya el aborto, la "muerte digna", el matrimonio igualitario y rechaza la enseñanza religiosa en las escuelas

La Gran Logia de Argentina se ha pronunciado a favor de la aberración jurídica del matrimonio igualitario, el aborto, la "muerte digna" y consideró un retroceso que el gobierno de Salta buscara incluir la educación católica en la enseñanza pública. "Fuimos impulsores de la ley 1420, de enseñanza pública universal, laica, gratuita y obligatoria", dijo Ángel Jorge Clavero, el Gran Canciller. “Es sectario”, dijo Nicolás Orlando Breglia, Gran Maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones.

Según señala Clavero, la condición de ingreso de ser presentado por otro masón ya no es necesaria, aunque seguramente el interesado será sondeado en sus posturas y conceptos.

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DEJÓ LA MASONERÍA PORQUE NO ENCONTRABA A DIOS

Serge Abad-Gallardo, nació en Marruecos, está casado y tiene 2 hijos, es un urbanista que renunció a la masonería y se ocupó de relatar sus pormenores en el libro "J´ai frappé à la porte du Temple (Llamé a las puertas del Templo)"

El autor vino al mundo en una familia "católica, pero poco practicante" que, tras la independencia del reino alauita, se asentó en Francia en 1961. Finalmente sus padres se instalaron en Bastia (Córcega) en 1966, donde realizó sus estudios secundarios. En Marsella se licenció en arquitectura y trabajó de forma independiente hasta que se incorporó a la función pública, con distintos cargos técnicos en Bastia, en Guayana, en la región de París, en la Costa Azul y, actualmente en Narbonne (Aude), donde trabaja en el área de urbanismo.

Fue al inicio de su carrera como funcionario, a los 33 años, cuando un contacto profesional le llevó a ingresar en la masonería.

- ¿Por qué ingresó en la masonería?
- Creo, simplemente, que me planteaba las mismas cuestiones que cualquiera sobre las razones por las que tenemos conciencia de estar en la tierra. Me pareció que la masonería podía tener respuestas. Además, me había alejado de la fe, en particular de la Iglesia. Y sobre todo creo que había en mí una cierta curiosidad por el "secreto masónico".

-¿Cómo fue el primer contacto y en qué obediencia?
-Fue una relación profesional, el gerente de una agencia inmobiliaria, quien me propuso entrar en la masonería en 1988. Él tenía grado de oficial en una logia de Derecho Humano, que es una obediencia internacional y mixta. Yo me inicié en 1989, tras haber sido objeto de tres investigaciones y de las formalidades habituales.

-¿En qué consisten?
-Tres personas que tienen el grado de maestro se reúnen contigo y te preguntan sobre tu trayectoria personal, tus ideas filosóficas y socioeconómicas. Luego, si este paso es juzgado satisfactorio, se te invita al templo masónico. Se te tapan los ojos, de forma que no ves ni las personas ni los lugares. Es entonces cuando debes responder a numerosas preguntas. Cuando te vas, los masones votan para aceptar o rechazar tu admisión. En mi caso, el voto fue unánime para aceptar mi candidatura. Luego pasé las pruebas de iniciación, que describo con precisión en mi libro "J’ai frappé à la porte du Temple, parcours d’un franc-maçon en crise spirituelle".
Finalmente, tu padrino te quita la venda de los ojos y eres admitido entre los masones, con grado de aprendiz. Luego, al cabo generalmente de un año, pasas otras pruebas para convertirte en compañero. Entonces ya puedes hablar y participar activamente en los trabajos masónicos, porque como aprendiz, durante todo un año, estás obligado a un estricto silencio y se te encargan trabajos secundarios (poner y quitar los objetos del ritual para los trabajos, servir las comidas, lavar la vajilla, etc.). Un año después, pasas una nueva prueba para convertirte en maestro. Se trata, claro, de pruebas simbólicas.

-¿Son tan impresionantes como se dice los ritos de iniciación?
-Eso depende de las obediencias. Pero el objeto mismo de la iniciación, y de otras ceremonias para pasar al grado de compañero, y sobre todo de maestro, es sacudir la imaginación. Y, por tanto, impresionar.

-¿Cómo?
-En el Gran Oriente de Francia hay momentos un poco inquietantes, como cuando ponen la hoja de un cuchillo sobre el brazo del candidato (que tiene los ojos vendados) y se abre una botella de éter para que sienta el olor y parezca más creíble el anuncio de la ceremonia de mezclar su sangre con la del Venerable Maestro. Evidentemente, no hay corte, y eso es ficticio: en el momento preciso una voz se alza para interrumpir la ceremonia de la mezcla de sangres. ¡Pero eso lo ignora el candidato hasta el último momento, y piensa que realmente le van a hacer un corte en el antebrazo!

-Eso en el Gran Oriente. ¿Y en Derecho Humano?
-La primera prueba de iniciación es bastante impactante: tienes los ojos vendados, la música es ensordecedora y angustiosa (como la de una película de terror), se te empuja brutalmente a andar de un lado a otro, y se te detiene también brutalmente. Se te hace beber un brebaje dulce, luego uno amargo, luego los dos… Todo se hace para provocar en ti una inquietud. Del mismo modo, la primera cosa que ves cuando se te levanta la venda es una luz cegadora, e inmediatamente después, cuando los ojos se acostumbran... ¡las espadas de los masones apuntando hacia ti, diciendo que sus hojas amenazan a los traidores!

-¿Hay un ambiente de libertad en las logias?
-En principio, la palabra es libre, y por tanto parece interesante poder expresarse libremente e intercambiar ideas. Pero pronto uno se da cuenta de que la palabra sólo es libre en el marco de lo que en mi libro denomino "la palabra masónicamente correcta". Es decir, uno no puede expresar fácilmente, y menos aún defender, convicciones diferentes a las sostenidas por la masonería (por ejemplo, sobre el matrimonio homosexual, la familia, el aborto, la eutanasia, etc.). Si eso sucede, uno queda enseguida en minoría, si es que no es objeto de burlas.

-¿Dónde queda entonces la fraternidad?
-La fraternidad resulta sobre todo de un sistema de influencia interna a fin de que algunos puedan acceder a ciertos poderes masónicos. Hay clanes. Por supuesto conoces también personas sinceras con quienes se pueden crear lazos de amistad.

-¿Qué era lo que menos le gustaba de la masonería cuando estaba dentro?
-Tanto en Derecho Humano como en el Gran Oriente, que también frecuenté, el anticlericalismo que existe en las logias. Se trata a veces incluso de cristianofobia.

-¿Otros masones lo experimentan de la misma forma?
-El pasado 4 de Noviembre participé en un programa de Radio Courtoisie sobre la incompatibilidad entre el compromiso masónico y la fe católica, y una oyente llamó para decir que también ella había dejado la obediencia de Derecho Humano por el anticlericalismo que había encontrado.

-Y usted había entrado, sobre todo, por razones digamos "espirituales"...
-No encontré ninguna espiritualidad real en la masonería, y menos en los altos grados por encima de maestro.

-Supongo que usted ha leído el testimonio de Maurice Caillet, en Yo fui masón...
-Conozco muy bien a Maurice Caillet, con quien estoy habitualmente en contacto. Es un hombre fuera de lo común y de una gran valentía, y también de un gran rigor moral. Tengo un gran aprecio por él y por su esposa. Sé lo que él ha sufrido a causa de la masonería y cuáles han sido los problemas y amenazas que ha padecido.

-Él explica muy bien el funcionamiento de la hermandad entre los  masones para la promoción profesional. ¿Lo vivió usted también?
-Yo jamás utilicé directa y voluntariamente las redes masónicas para obtener promoción profesional. No va con mi carácter. Pero, por ejemplo, el puesto que ocupé en la Guayana me fue comunicado por un masón. Y el presidente de la institución que me empleaba era también masón. Yo no lo sabía. Por entonces yo tenía una firma "masónica". No hay duda de que ese presidente se dio cuenta y me escogió con preferencia a otros por mi pertenencia a la masonería. Nada más contratarme, me confesó su pertenencia al Gran Oriente de Francia.

-Es decir, la red funciona...
-En mis diversas funciones, fui requerido muchas veces por masones. Pero jamás entré en juegos de poder. Es una de las cosas que me decepcionaron de la masonería.

-¿Cuál es la estructura masónica, los famosos "grados"?
-Hay que diferenciar entre grados y oficios. En cuanto a los oficios, hay que tener el grado de maestro para ocuparlos. Cuando me convertí en maestro, rápidamente tuve puestos de oficial: Gran Experto, Maestro de Ceremonias, Segundo Supervisor, Orador, Venerable Maestro, etc. Si hablamos de grados, hay dos niveles: primero, las "logias azules", donde se encuentran los aprendices (1º grado), los compañeros (2º grado) y los maestros (3º grado); y segundo, los Altos Grados, que se supone son más espirituales, más esotéricos. Es a ese nivel donde se encuentra el aspecto más oculto de la masonería.

-¿Cómo se entra en ese nivel?
-No se puede pedir el ingreso en los Altos Grados. Al contrario, pedirlo es un riesgo cierto de que te rechacen. La única posibilidad es ser cooptado por masones que te juzguen digno de ello. Esos altos grados se reparten entre el 4º y el 33º, siendo los grados 31º, 32º y 33º puramente administrativos. El masón de 4º grado es pues superior, en el plan iniciático, a un maestro que sólo esté en el tercer grado. El 4º grado es el de "maestro secreto".

-¿A qué nivel llegó usted?
-Dimití tras unos años de integrar los altos grados, cuando había alcanzado hacía algún tiempo el 12º y debía pasar al 14º. Sus nombres son totalmente ridículos, pero  significan el aspecto hermético de la masonería: 4º, Maestro Secreto; 5º, Maestro Perfecto; 6º, Secretario Íntimo; 7º, Preboste y Juez; 8º, Intendente de la Construcción; 9º, Maestro Elegido de los Nueve; 10º, Ilustre Elegido de los Quince; 11º, Sublime Caballero Elegido, 12º, Gran Maestro Arquitecto... Me faltaban casi 18 grados para alcanzar el grado 30. Estaba pues haciendo mi camino en los altos grados.

-¿Es cierto que los grados inferiores ignoran quiénes son los grados superiores?
-Como usted dice, los masones de grados "inferiores" no saben nada sobre los grados "superiores". En efecto, los masones que están en los grados inferiores (en las logias azules) no saben quién está en los Altos Grados, ni cuáles son sus símbolos o la naturaleza de sus trabajos. E incluso cuando formas parte de esos Altos Grados, no sabes quién, dentro de ellos, está por encima de ti. En este punto, la masonería tiene un funcionamiento muy estanco y cultiva el "secreto dentro del secreto".

-¿No enrarece eso el clima?
-Tienes la sensación de estar siendo constantemente observado por personas que te "juzgan" o valoran tu capacidad para pasar a un grado superior. Pero tú no conoces las "reglas del juego", porque los contenidos de los grados superiores, desde que eres aprendiz, jamás se te comunican antes de que accedas a ellos.

-¿Por qué decidió dejar la masonería?
-Creo que se trató sobre todo de una experiencia de fe. Es verdad que había ciertas cosas que no me gustaban en la masonería. Pero no existe ningún grupo humano ni  ideología que sean perfectos. Sólo Dios es a la vez perfecto e infinito. No hay que olvidar que somos imágenes suyas, aunque muy imperfectas. En realidad, mi decisión de abandonar la masonería y mi retorno a la fe están vinculados. Dimití, sobre todo, porque me di cuenta de que no podía buscar a Dios en la masonería. Y luego está, claro, la cuestión de Cristo.

-¿A qué se refiere?
-El Cristo que invocan los masones no es para nada el Cristo de los cristianos. Para ellos es un sabio, un filósofo, como mucho un gran iniciado (¡!). Mientras que, para los cristianos, Él es Dios encarnado, muerto en la Cruz para salvarnos. Sólo cuando comprendí, primero intuitivamente, luego con mi inteligencia, y luego con mi corazón y mi espíritu, que el camino masónico era incompatible con mi relación con Cristo, o que constituiría un obstáculo en el camino que Él me pedía seguir, decidí dimitir.

-¿Puede relatarnos su conversión personal al catolicismo?
-Puesto que yo estaba bautizado, no fue realmente una conversión, sino un retorno a la fe. Aunque la conversión de un cristiano dure toda la vida. Pienso que el sacramento del bautismo actuó y me llevó hacia la luz de Cristo, y al mismo tiempo me alejó de la luz artificial, simplemente humana, de la masonería. La palabra luz es evocadora. Porque la masonería está íntimamente ligada a lo que en Francia denominados Las Luces. Mientras que el cristiano utiliza la palabra Luz, en singular.

-¿Cuál es la diferencia?
-Pues que, si bien pueden existir "luces" diversas, sólo son humanas. Por el contrario, Dios es "la Luz". Los masones, aunque lo mencionan mucho, no han comprendido el primer versículo del Evangelio de San Juan: "Y la luz se hizo en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron" (Jn 1,5). ¡Como se ve, es una cuestión de "una" Luz, y no de "las" Luces!

-¿Cuánto duró su proceso de retorno a la Fe?
-Un periodo bastante prolongado. Me resistí durante mucho tiempo a la llamada de Cristo. Nunca he hecho rápidamente las cosas importantes. ¡Y estaba muy ciego! Tenía necesidad de estar seguro de que tomaba el camino correcto. Conocí a un sacerdote franciscano hace unos quince años. Fue una revelación. Tuve entonces la certeza de la presencia de Cristo en mi vida. Volví a rezar.
Luego, algunos años después, escuché la voz de Cristo en una capilla. Y como todavía me resistía, pese a todo, a Su Amor, recibí en Lourdes una gracia particular e inesperada. Fue entonces cuando decidí, ante el increíble acontecimiento que acababa de vivir, hacer un retiro en una abadía. Allí comprendí que Cristo me buscaba más que yo a Él. Y entonces, simplemente, le amé, con un amor inmenso, lamentablemente muy débil ante Su Amor por nuestra pobre humanidad.

-¿Sufrió algún tipo de amenaza cuando abandonó la masonería?
-No exactamente. No puedo decir que me hayan amenazado. Maurice Caillet cuenta que a él, sí. Y una mujer, autora de un libro sobre la masonería que cito en el mío, dice que ha sufrido amenazas físicas. En cuanto a mí, ¡ya veremos en el futuro! Por el momento, lo que sí puedo asegurar es que todos los masones que conocía me han dado la espalda. Ni uno me llama por teléfono. Algunos me evitan por la calle. Lo lamento sinceramente, y rezo por ellos. Sólo mantengo contacto con tres o cuatro con quienes tengo lazos de amistad, más que masónicos. ¡Veremos si dura!

-¿E insultos?
-Insultos, sí, en ocasiones muy virulentos, por parte de algunos masones. Lo que más molesta a los masones es la publicación de mi libro y las conferencias que estoy pronunciando. Esto confirma que no es fácil expresar con comodidad una opinión contraria a la doxa masónica. Significa igualmente que mi libro dice verdades que molestan realmente a la masonería.

-¿Intentaron disuadirle de que se fuera?
-Algunos hermanos y hermanas de los Altos Grados me pidieron que reflexionara antes de irme, e intentaron convencerme de que me quedase. Tuve discusiones francas y serenas con ellos, pero me era imposible quedarme en la masonería. La llamada de Cristo era demasiado fuerte, y los dos caminos demasiado incompatibles.

-¿No es compatible la pertenencia a la masonería con ser cristiano?
-Si uno es totalmente sincero, no se puede en absoluto ser masón y cristiano, y menos aún católico. Explico en mi libro, y aún más en mis conferencias, mediante numerosos ejemplos tomados del ritual y de la filosofía masónicos, las razones de esta incompatibilidad.

-Incluso canónica...
-La Iglesia sigue excomulgando a los católicos que sean masones. Esta excomunión se basa sobre numerosos puntos fundamentales de incompatibilidad. Se trata de una decisión que la Iglesia ha madurado, tras haber estudiado los rituales. Yo lo confirmo tras una experiencia de 25 años en la masonería.

-¿Qué razones doctrinales hay para esa oposición?
-Un ejemplo: para la masonería, la Verdad es subjetiva, cambiante, contingente, inmanente y construida poco a poco por el ser humano. Para la Iglesia, la Verdad es objetiva, definitiva, establecida, trascendente, esencialmente divina. Ahora bien, no se puede creer en dos versiones antinómicas de la Verdad. No se puede tener fe en una cosa y en su contraria: o la Verdad viene de los hombres, o viene de Dios.

-Antes mencionaba usted también discrepancias en temas morales...
-Sí, es otro caso: la masonería no reconoce una moral divina. No hay ninguna referencia a la ley natural en la masonería. La moral es cultural, social y cambiante. Mientras que la Iglesia reconoce la moral y la ley naturales en cuanto que vienen de Dios. Para la Iglesia, hay una definición precisa del Bien y del Mal. No así para la masonería, para quien son dos ideas cambiantes. Además, los fundamentos filosóficos de esta antinomia tienen implicaciones prácticas que hacen imposible la "doble pertenencia", como el aborto, el divorcio, el matrimonio, etc. Sobre este último punto, por ejemplo: para la Iglesia el matrimonio es un sacramento eterno. Para la masonería, es una unión revocable.

-Por último, ¿ha encontrado en la Iglesia la respuesta a sus inquietudes?
-Para ser totalmente claro, yo no tenía inquietudes. Si simplemente hubiese tenido una inquietud existencial, habría podido ser colmada por la labor o el ritual masónicos, o ¿por qué no? por una sencilla psicoterapia. No es eso: yo buscaba. Buscaba a Dios. Que nuestra presencia en la tierra resulta de la voluntad de nuestro Creador, eso es una evidencia. Pero hay que saber qué poner bajo esa palabra. Incluso Jacques Monod, premio Nobel e inventor de la teoría del Azar o la Necesidad como explicación de la vida, reconoció que la complejidad de la vida era tal que no podía ser resultado sólo del azar, y todavía menos de la necesidad.

-¿Y encontró a ese Dios?
-Para mí, la cuestión era saber si ese Creador es el dios de los masones, es decir, el Gran Arquitecto del universo, una especie del Relojero de Voltaire, un principio indefinido... o bien el Dios Todopoderoso, a la vez "Elohim el Creador, Yahvé el Dios amante, Adonaï el Dios Todopoderoso". Es decir, el Dios de los cristianos: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Encontré que Dios no es un vago principio. Es ante todo un Dios personal, a quien me puedo dirigir, que escucha mis oraciones, a quien adoro, y que nos ama hasta el punto de haber descendido a la Tierra para morir en la Cruz por nuestra redención.

Lo que encontré en la Iglesia, que no se puede encontrar en la masonería, es el camino que lleva a Dios: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí" (Jn 14, 6). Ésa es la Verdad esencial que Jesús nos trae y que la masonería nos quiere negar. El objetivo explícito de la masonería es prometer a todos la felicidad en la tierra. Soy testigo de que fracasa en ese objetivo.

-Y usted, ¿es feliz?
-Para responder a su pregunta: sí, soy feliz. Pero no en el sentido en el que lo entendería la masonería. Porque soy feliz como se es feliz cuando uno se sabe real y auténticamente amado. Amado por Dios. Como es el caso de todos los hombres y de todas las mujeres. ¿Cuándo querrán unos y otras abrir su corazón al Señor?


[Fuente: Corazones.org / ReL / El Tribuno / Telam]

 
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