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  .: RELIGIOSAS

 
A veces lo mejor es no tener cura
   
Aunque la “ola francisquista” algo pareció modificar, la presencia de hombres y mujeres consagrados fielmente a Dios en los medios de comunicación suele ser soslayadas. Un mensaje de valores y coherencia les suele ser incómodo a las pantallas y micrófonos, tan afectos no tener límite ético o moral alguno.

Fuera de eso, en general en la televisión -la argentina, por lo menos- y muchas veces en cine, cuando se representan algunas actividades o profesiones fallan groseramente.

Nunca se sabe si por transitar los "cliché" de cada caso asumiendo la ignorancia del televidente, por la ignorancia de realizadores o productores, o por evitar el esfuerzo de una buena investigación, se suelen ver errores casi brutales.

Cuando la televisión nos presenta sacerdotes en la ficción se podría asegurar que los realizadores no pisaron una iglesia nunca, o al menos no lo hicieron en los últimos 40 años, y por eso tanto el discurso, las formas, la vestimenta y los actos están alejados de la realidad, cuando no decididamente equivocados.

Hoy se ven curas con sotana, pero no tanto. Sin embargo, en las pantallas así aparecen vestidos cuando un guión lo impone.

Un cura no se cuelga un rosario del cuello -como se puso "de moda" entre muchos que ni saben para qué sirve-, pero así los han representado.

Un cura no habla como un pavote que todo lo ve con exagerada "ternura" (aunque tenga una visión esperanzada y trascendente). Sin embargo de esa forma han aparecido en muchas novelitas y películas.

Un cura es un hombre enamorado, sin dudas, pero su amor está enfocado por su decisión y vocación hacia Dios, sobre con el "molde" de Jesús. Todos sabemos que es un hombre, que hasta pudo haber experimentado el amor hacia una mujer, y hasta puede tener hijos (recuerden a algunos viudos que ingresaron al seminario).

Sabemos que como hombre de este tiempo que es, un cura no vive en un frasco con tapa. Su diálogo con personas de distinta condición, con padres, con jóvenes, confesando, atendiendo las realidades sociales que le tocan, tiene una visión del mundo y de las personas a las que aborda desde la convicción de la fe y con la firmeza de su decisión de ser lo que es, con la ayuda de Dios.

Los que somos fieles cristianos o periodistas que no hablamos ni escribimos sobre lo que no conocemos, nos vemos en la necesidad de señalar que se pueden imaginar muchas historias para la televisión o el cine, pero siempre es inteligente tomar una buena porción de realidad, y luego barnizarla con un poco de ficción.

No sólo en la Argentina, también en las novelitas extranjeras, la gente no trabaja, no estudia, no se traslada, no lava platos, no hace trámites, no hace una vida más o menos "normal". Todo está en función de la historia que últimamente no está escrita totalmente, sino que se la va acomodando al discutible devenir del rating. Ha habido producciones televisivas que comenzaron siendo de una tónica y terminaron en cualquier otra cosa, cambiando actores y personajes en la desesperación por mantener el atractivo.


Volviendo al punto

Lily Ann Martin y Claudio Lacelli son los guionistas de la novela televisiva que pondrá pronto en el aire la productora Pol-Ka con el nombre “Esperanza mía” que, como es adivinable, tiene a una protagonista de nombre… Esperanza.

Cada guionista tiene un interesante recorrido en su tarea. Fueron los autores de Solamente Vos, Malparida, Amor Mío, Verano del 98, Enamorarte, Máximo corazón, Los únicos, Historias de la primera vez, Sueña conmigo y Mis amigos de siempre. Todos ellos méritos, en el mediocre rubro de las novelas televisivas.

El programa tendrá los condimentos más o menos imaginables: un personaje con algo oculto (la supuesta novicia que interpreta Lali Espósito), un ámbito extraño a la mayoría (un convento), personajes relativamente distintos (una novicia buenísima, una medio zonza, una superiora algo despótica, etc.), un curita atractivo (Mariano Martínez y sus no muy firmes convicciones) y situaciones adivinables.

Luego de películas donde aparecen hombres y mujeres de fe participando de grandes historias como la risueña película "Cambio de hábito" (una travesura con algunas canciones memorables y un buen mensaje entre líneas), "La novicia rebelde" (con la gran Julie Andrews), "Las campanas de Santa María (con los impecables Ingrid Bergman y Bing Crosby), "Historia de una monja" (con Audrey Hepburn contando una historia basada en hechos reales), "La misión" (relatando la labor de jesuitas en tiempos de la conquista), "Mi secreto me condena" (una de Alfred Hitchcock sobre un cura y el secreto de confesión), "Nido de ratas" (y el compromiso del sacerdote Karl Malden con los desprotegidos), "Nunca fuimos ángeles" (una historia de aventuras con Robert De Niro y Sean Penn escapando de la justicia disfrazados de sacerdotes), "Sapucay, mi pueblo" (dirigida por Fernando Siro y con Luis Landriscina haciendo un cura fiel a su misión y a su gente), se comprueba que es posible poner a un cura o una monja en una producción cinematográfica sin zambullirse en el escándalo y sin contar falsedades.

Incluso en ocasiones el cine nos ha ofrecido participaciones de curitas sólo para cuestionar su investidura o sus convicciones.

Al padre Mario (Humberto Serrano) en "El hijo de la novia" (de Juan José Campanella) parece que le importa más el dinero que el sacramento cuando se despacha con los costos del casamiento de la madre del personaje de Ricardo Darín. Se podría haber hablado de altos costos sobre la base de las pretensiones de un casamiento con toda la pompa. Pero no, el director quiso señalar que "un simple casamiento era carísimo", como si eso fuera algo de la realidad. La historia de la película es buena y las actuaciones memorables, pero ese detalle fue una prescindible bajada de línea.

Otra película, "Elefante blanco", nos presentó a Ricardo Darín y Jérémie Renier como un par de curas tercermundistas más cercanos al activismo social de izquierda que a cuestiones de fe. Por supuesto, el guión busca poner a estos sacerdotes como "los buenos" y la jerarquía local y al sistema como "los malos".

La tele, por su parte, nos ha mostrado a hombres y mujeres consagrados con comportamiento cuestionable (Luisa Kuliok en "La extraña dama" y Luis Brandoni en "El hombre de tu vida", por mencionar un par), por lo que la nueva novelita de Pol-Ka posiblemente busque líneas emparentadas. El recordado "Padre Coraje" no cuenta en esta síntesis porque el actor Facundo Arana no encarnaba a un sacerdote, sino a alguien que simulaba serlo.

Para colmo, además de estos personajes contradictorios en su compromiso, se suele ver muchas veces a curas de sotana (últimamente algo bastante raro) dando un responso, o  equivocando groseramente los gestos o momentos de una misa, por mencionar algunos errores evitables.

En "Esperanza mía" una supuesta novicia se oculta en un convento donde un joven sacerdote acompaña pastoralmente a las religiosas.

"Tomás y Esperanza van a tener un amor prohibido y culposo. Mi personaje está totalmente encaminado con la religión, tiene su vocación y está feliz convencido de que su vida tiene ese rumbo, hasta que se cruza con Esperanza, la falsa novicia y todo le cambia", dijo Mariano Martínez tratando de justificar la trama.

Seguramente ambos protagonistas amenazarán en más de una escena con algún acercamiento de labios que, imaginamos, se concretará sólo para buscar escandalizar y serle funcional a la tropa que poco sabe y mucho opina sobre el celibato.

Insistimos, se puede hacer televisión o cine para enriquecer a la gente con buenas historias. O suplir la ausencia de ideas buscando poner una gota más en el vaso de la ignorancia.


-> Alberto Mora
Director de Contenidos

 
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