San Isidro, Buenos Aires | |
       
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La historia de Beccar
   
El Cuartel 8° -antiguamente conocido por "Punta Chica" que hoy en día se denomina "Beccar"- se recostaba sobre las barrancas, llegaba hasta el río y, en su extremo opuesto, alcanzaba los confines del Partido.

El Cuartel 8° se constituyó sobre seis parcelas otorgadas por Juan de Garay, las que iban desde la 60 hasta la 65 (las N° 64 y 65 quedaron luego en San Fernando, cuando se creó ese Partido en 1821).

Un kilómetro y medio de frente por la clásica legua de fondo: ese fue el Cuartel 8°, conocido como Punta Chica en el siglo pasado.

Uno de los propietarios de la primera porción de tierra, Juan Márquez, dejó un apellido que años después se había multiplicado de tal manera que la zona parecía un feudo familiar. En el censo de 1869 los Márquez constituyen prácticamente un tercio de la población total y el padrón de 1877 ratifica el porcentaje, ya que de 96 ciudadanos que viven en el Cuartel 8°, 35 son Márquez, lo cual significa que eran el 36% de los inscriptos.

En honor de esta familia de entonces, compuesta principalmente por labradores, que sorprende el grado de alfabetismo que tenía, en una época en que ni había escuelas, y no saber leer ni escribir era lo más común. La primera escuela pública de la zona fue la 3, inaugurada en 1870, mencionándose dos privadas anteriores de las cuales se carece de información. El alto número de componentes de la familia -obviamente, todos naturales del Pago-, tuvo decisiva influencia para determinar, al tiempo del censo de 1869, que el Cuartel de su residencia fuese el que mayor cantidad de argentinos concentraba.

Cercana al límite con San Fernando, Punta Chica se expandió más hacia ese Partido que hacia tierra adentro. Al punto que su denominación se proyecta hacia la vecina comuna, que tiene su propio barrio Punta Chica y la estación del tren del Bajo queda mitad en San Isidro y mitad en San Fernando. Algo así también sucedió con Villa Adelina (que tiene una parte en Vicente López y otra en San Isidro).

El patrimonio histórico de Punta Chica radica en un hecho ocurrido en su costa. No hay testimonios materiales del acto pero sí un monumento que lo perpetúa en el mismo lugar. Se trata de la partida de los 33 Orientales de Juan Antonio de Lavalleja en 1825, que se rememora cada 19 de Abril con la presencia de autoridades uruguayas y argentinas, convocadas para rendirle el homenaje nacional a aquellos patriotas.

La vía natural de acceso de Punta Chica fue siempre el Camino del Bajo, que cambió varias veces de nombre: Camino a San Fernando, 25 de Mayo, Manuel Obarrio y finalmente, Avenida del Libertador.

Las subdivisiones del Cuartel 8° tuvieron las mismas características de las otras pero la diferencia estaba en el valor de las tierras, siempre más baratas cuanto más alejadas de la capital o del ferrocarril y lo que se vio cuando la separación de Vicente López tuvo plena vigencia hasta no hace mucho tiempo.

Hay otros datos que corroboran esta realidad: si se comparan los nombres de los grandes terratenientes de fines del siglo XIX del sector de Martínez con los que poseían tierras en Beccar, se verá que la crema de la aristocracia (Ayerza, Lamarca, Costa, Lynch, Sáenz Valiente, Nouguier, etc.) pululaba en Martínez mientras que en Beccar apenas si aparecía algún Tristán Achával Rodríguez o un Zoilo o Elíseo Cantón pero abundaban los Santos Grottini, Adam Mahn o algún otro inmigrante que había hecho plata. Y hasta los criollísimos Márquez desaparecieron, subdivididas sus propiedades por los imaginativos rematadores, que según sus folletos siempre ofrecían gangas imperdibles.


Hornos y quintas

Resultaría obvio, por repetido, señalar la importancia que tiene una estación de tren para un pueblo en formación. Sin embargo, podemos afirmar que al Beccar de principios del siglo XX, su instalación no le significó, al menos en aquel momento, un cambio de fondo porque ni los ladrilleros ni los quinteros que circulaban por la zona utilizaron el ferrocarril para sacar su producción, sino que ambos gremios continuaron utilizando carros y carretas para llevar sus productos directamente desde el lugar de producción hasta sus mercados de Buenos Aires, en viajes que insumían entre 4 y 5 horas por caminos ya sin grandes baches y lagunas porque estaban "macadamizados" (una forma de mejorado de los caminos) desde principios del siglo XX.

Lo que sí resultó significativo para la zona fueron, precisamente, aquello medios de vida. La producción hortícola llevaba años de arraigo, pero cuando se empezaron a multiplicar los hornos de ladrillos también cambió aceleradamente el habitat y los horneros invadieron tierras cultivables, en busca del humus necesario como materia prima. Lo que no cambió fue el origen de los nuevos fabricantes, que era el mismo de los quinteros que se habían ido afincando progresivamente, ganando el cuartel: todos eran italianos. Con los hornos de ladrillos se afincaron en el cuartel los Martinelli, Poletti, Spada, Bordo, Ciappesoni, Cantoli, Ferranti, Petrocco, Cosso, Cartasegna, Puppo, Calonico, Grosso, Messina, Grottini, Sanguinetti, Sifola, Bachini, Barone, mientras que entre los verduleros estaban los Montecuco, Spinelli, Romaironi, Bodamo, Cantori, Ruani, Giovanelíi, Montani, Marcili, Batterini, Gallini, Parodi, Catavi.

Ya en este tiempo, los Márquez no eran mayoría y hasta los almacenes de italianos habían reemplazado a las pulperías.

Después de la época de las chacras floreció en Beccar, a partir de 1932, una producción que le dio prestigio a la localidad y al Partido. En un terreno de 15.000 m2, sobre la calle José Ingenieros, la familia Wolf cultivó orquídeas durante más de medio siglo, llegando a producir 350.000 plantas anuales en los años ‘70 y hasta hace un tiempo también se cultivaban azaleas en escala industrial en el vivero de los Pompilio, en la calle Guido al 3.000.

Desaparecidas las chacras y los viveros que Beccar cultivó en este sector de la cuenca del antiguo arroyo Pavón, hoy entubado, lo único que recuerda su pasado de tierra fértil y exuberante es el nombre del Club ubicado en la calle José Ingenieros que, aunque se llame "Unión y Juventud de Beccar" nunca dejará de conocerse como el "Club de los Repolleros", nombre con el cual se lo conoció al ser fundado, el 20 de Junio de 1943, por su obvio origen entre las quintas de los cultivadores de la col.


Monte Viejo

Hubo quintas en Beccar donde no se plantaban ni repollos ni "miniestras" aunque no faltaban los frutales en algún discreto aunque generoso cuadro de la propiedad.

Eran las quintas de fin de semana de algunos magnates y personalidades. Adam Mahn, el creador del Barrio Alemán; Tristán Rodríguez Achával, eminente político, abogado y defensor acérrimo de la escuela católica; Federico de Alvear, el del harás pegado a La Cava. No eran tantas como en Martínez, pero sí de las más espectaculares del Partido, como la de Frías, que estaba en el barrio que heredó su nombre "Monte Viejo" cuando fue loteada en 1933. Tenía un parque de 193.000 m2 (19 manzanas), rodeando una casa principal y la de huéspedes.

Estaba dividida en seis paños. En uno, de tres hectáreas y media, había robles, nogales y fresnos, en otro, con algo más de superficie, álamos, cipreses, tilos, aromos, pinos, magnolias y cedros; en el tercer paño, también de tres manzanas y media, 200 rosales, 300 jazmines del Cabo, acacias, dalias, lirios, hortensias, lilas y nardos y en dos paños más, todo frutales.



La calle de la Noria, de la Caridad, Buenos Aires, Posadas

Hoy es la única calle larga empedrada de Beccar. El tránsito prefiere sus paralelas de hormigón porque son más parejas pero la antigua calle "De la Noria" (luego Buenos Aires y actualmente, Posadas), que limitaba por el Norte el "Barrio de la Caridad", fue la primera y única que penetraba hasta las proximidades del Camino de La Tahona (hoy Av. Andrés Rolón), zona baja en exceso por donde cruzaba el arroyo Gauto, incontrolable con cualquier lluvia de mediana intensidad. Siendo esta calle el acceso obligado y directo hasta Centenario y la estación de Beccar, más de una vez un vecino con recursos, don Julio Hossmann, se encargó de mejorarla. Fue empedrada en 1927.

La primera línea de ómnibus hacia San Isidro también circuló por esta calle, con todas las dificultades que su a veces desastroso estado significaba para el transporte, porque el "cilindro" municipal, única maquinaria con que contaba la Comuna para reparar los caminos, no daba abasto para mantenerla en condiciones de circulación. Sobre la Calle de la Noria y a pocas cuadras de Centenario se levantó la Escuela N° 5 (en terreno donado por Avelino Rolón en 1906) y la capilla, cuya piedra fundamental fue colocada el 29 de Junio de 1932, bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes, y convertida en parroquia el 9 de Noviembre de 1949.


Patronos y fiestas

Cuando Juan Manuel de Rosas firmó, el 20 de Junio de 1835, una circular recomendando que "se estimule a los hacendados y labradores federales del Partido para que en la víspera de San Pedro y San Pablo hagan el fogón acostumbrado desde el tiempo de nuestros padres, en memoria y reverencia de esos Apóstoles", no podía haber imaginado que un siglo después -quizá no ya los labradores y hacendados, sino los quinteros y horneros de Beccar- aceptarían el consejo y, sin conocidos actos de entronización como Patronos de la localidad a los santos recomendados, iniciarían una tradición que duró varios años y que, a veces, amaga con reaparecer.

Los festejos fueron particularmente populares alrededor de los años ‘30, con entusiasta participación de los vecinos. Se hacían carreras y otras competencias, juegos, kermesses y, naturalmente, la consabida quema del muñeco culminando los actos.

En algo más estuvo a punto de acertar Rosas como oráculo porque su circular fue emitida un 20 de Junio, fecha que se estaba convirtiendo en tradición en Beccar para la Jura de la Bandera por los efectivos de Fuerza Aérea, pero con la desaparición del doctor Melchor A. Posse, durante cuyos gobiernos se llevó anualmente a cabo la ceremonia en la avenida Andrés Rolón y Marconi, quedó archivada en el recuerdo.

Beccar, declarada ciudad en 1997, se ha estirado como residencial de primer nivel hacia el Oeste y su centro comercial próximo a la estación, que siempre fue la cenicienta por la falta de comercio pujante, edificios en altura o instituciones de gran nivel, tiene por fin un centro cultural propio, donde se canalizan nuevas actividades culturales y sociales, sin desmedro de la actividad que siguen desarrollando los clubes históricos que funcionan desde antiguo cerca de este nuevo centro cívico.


[Fuente: "La metamorfosis de San Isidro" (2005)]

 

 

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