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Mamás ejecutivas vuelven a casa
   
"Se puede tener todo, pero no al mismo tiempo", es el lema de una nueva tendencia que sorprende a los estadounidenses.

Se trata de mamás profesionales que deciden poner pausa en sus carreras exitosas para criar a sus hijos. La portada de la influyente revista Time del 22 de Marzo las presentó con cifras impactantes: son el 20% de las mujeres con grados profesionales. La polémica no se hizo esperar.

Investigadores sociales, feministas y madres de clase media debaten acaloradamente sobre esta opción, que aún se considera propia de una elite. Con detractores y defensores, la pregunta quedó flotando en el aire: ¿quedarse en casa o salir a trabajar?

"Hace dos días, mi hijo Dylan (8) me sorprendió con una pregunta: ¿quién es el papá de Dios? No era fácil responder, pero lo primero que vino a mi mente fue dar gracias por tener la posibilidad de estar cerca suyo y que tenga la confianza de hablar conmigo primero", cuenta Oakie Russell a un programa de TV. Oakie es abogada y optó por dejar el trabajo de sus sueños en un bufete de prestigio de Washington para cuidar a su familia, al igual que muchas otras mujeres en Estados Unidos. "Y ahí estoy. Parada en mi cocina, con las manos en el lavavajillas y sólo puedo agradecer lo que ahora tengo", reflexiona.

Annik Miller es consultora de negocios de una multinacional que en sus últimos días de posnatal estaba haciendo los arreglos para volver a la oficina. De visita en un jardín infantil, la auxiliar le dijo que no podía garantizarle atención total para su hijo Alex, porque tenía a su cargo otros cuatro niños. "Agradecí su honestidad, porque supe que no podía dejarlo y que debía cuidarlo personalmente", explica a una radio de Seattle.

Testimonios como los anteriores coparon los medios de comunicación estadounidense los días siguientes a la aparición de la revista Time del 22 de marzo. Considerada un indicador confiable de la realidad del país, el artículo hizo eco de una tendencia que hasta ahora sólo se intuía. Para Sylvia Ann Hewlett, economista de la Universidad de Columbia, este distanciamiento laboral femenino significa una fuga de cerebros. "El 10% más top de la fuerza laboral femenina - que percibe un salario de más de 55 mil dólares anuales- se retiró del mercado en los últimos cinco años. Faltarán mujeres, ya que la generación anterior estará a punto de jubilar; y traerá un dolor de cabeza, porque no habrá suficientes de nosotras para cubrir la demanda", explicó en un ensayo sobre el tema publicado en abril.

¿La solución? Algunas empresas crearon el proceso llamado alumni relations, donde mantienen el contacto con las mamás para reintegrarlas cuando decidan volver a la oficina. Tom Riccardi, gerente de PriceWaterHouse Coopers, explica que ellos ofrecen la posibilidad de trabajar part time, y el 10% del personal femenino ya lo utiliza. "Trabajar tres días puede retardar el avance en la carrera, pero no lo prohíbe", explica, haciéndose cargo de la frase que adjudican como eslogan de esta tendencia: "Se puede tener todo, pero no al mismo tiempo".


Las abejas trabajadoras

Según un estudio de la consultora Catalyst, una de cada tres mujeres que tiene un MBA no está trabajando. Un censo realizado por la oficina de estadísticas laborales estadounidenses revela el aumento en el número de mamás que eligen la casa sobre la oficina el año siguiente al nacimiento de sus hijos. En 1997, el 59% volvía al trabajo después de terminar el posnatal. En 2000, la cifra cayó a 53%. "Puede sonar como una baja modesta, pero en términos demográficos eso es enorme", explica Howard Hayghe, economista de la oficina encargada del censo.

El perfil de las mamás que dejan su trabajo para volver a casa - de acuerdo con Catalyst- revela que en su mayoría son blancas, mayores de 30 años y con educación universitaria. Justo el tipo de mujer que el feminismo nunca imaginó que elegiría la cocina sobre la sala de reuniones de una empresa top. Pamela Stone es socióloga del Hunter College y lleva dos años realizando un seguimiento a mamás que regresaron a casa.

Después de entrevistar a 50 mujeres de siete ciudades, concluyó que en su mayoría son hijas de mamás que trabajaron. "A menudo se trata de gerentes de cargos medios que al pasar por el proceso de la maternidad recuerdan la falta que les hizo a ellas mismas tener una mamá en casa", explica en exclusiva a revista Ya desde su oficina en Nueva York.

Susane Fields -columnista del Washington Times- las bautizó como las abejas trabajadoras. "Se mueven como dentro de una colmena. Convierten su hogar en una industria doméstica, listas para enterrar el aguijón a cualquiera que altere la paz de su panal. Las feministas las atacan porque consideran que es un retroceso a los años '50, en cuanto a libertades conquistadas. Se olvidan que todo empezó por defender la libertad de la mujer, y una elección como ésta es un signo de libertad", finaliza.

Incluso la publicidad está buscando captar la atención de las abejas. Una marca de harinas anuncia con bombos y platillos que el término "hecho en casa" vuelve en gloria y majestad. Un comercial de mantequilla muestra a una mamá en la cocina amasando con su hija. Hoy, las mamás que hacen galletas o tortas están in, abriendo un gran mercado, explica una nota publicada en el Wall Street Journal, comentando los avisos que se dirigen a este segmento.


Mamá con actitud versus mamá hogareña

Claro que no todas se sienten plenas colgando el traje sastre. Susan Douglas es una de las mamás que volvieron a casa y que en su libro "El mito de las mamás", cuenta lo bueno, lo malo y lo feo. "Son las 5.22 P.M. y estoy en la fila del supermercado. Mi hija de tres años está tirada en el piso, gritando, porque me negué a comprarle un lápiz de los Teletubbies. Mi hijo de 6 años está quejándose porque no llevo los últimos Cheetos. Para distraerme, hojeo las revistas. Uma Thurman declara que la maternidad es sexy. Pamela Anderson, en un giro inesperado, confiesa a People que ama levantarse en la mitad de la noche para alimentar a su hijo".

Susan se siente culpable por no disfrutar tanto. "La gente de otras filas me lanza miradas que me otorgan el premio "la mamá más mala del año" por hacer caso omiso de los berrinches. Me arrastro a casa y pienso que si fuera una buena mamá, mis hijos me ayudarían con las bolsas e inventaríamos un juego educativo mientras ordenamos las compras en casa. En cambio, meto al microondas algo congelado, grito a mis hijos que se sienten de una vez y ellos se quejan de que la comida parece un nido de gusanos y mientras los obligo a comer, sin querer, piso el hámster de mi hijo, provocando otra crisis".

Agrega Susan Douglas, hoy convertida en superventas: "Soy una mamá con un problema de actitud. Estoy cansada de todas las imágenes azucaradas que nos presentan los medios sobre lo que es la maternidad. Incluso, te hacen sentir culpable por no ser perfecta. Eso es lo que hacen los medios hoy: cuestionarnos si no somos iguales a las mamás perfectas con que la televisión nos bombardea".

La respuesta ha sido abrumadora. Sus lectoras declaran identificarse con sus buenos y malos ratos y con los secretos anhelos de volver a la oficina que la rondaban en sus días en casa. "Pensaba que sería más fácil volver a la oficina, que sería un recreo comparado con el ajetreo de mi casa. No puedo decir que una cosa es más simple que la otra. Lo que yo defiendo es el derecho de las madres a ser humanas", explica desde su oficina en la universidad de Michigan. Douglas está retomando paulatinamente sus clases, tras un par de años en que se retiró para estar con su familia. "Sólo porque decidiste seguir con tu carrera y ser mamá a la vez, cada mensaje sobre cómo deberían ser las cosas te recalca lo que has hecho mal. Yo he vivido las dos opciones en plenitud y me molesta el enjuiciamiento público. Es completamente injusto", comenta.

Totalmente opuesta es la visión de Daphne de Marneffe en su libro "Deseo Maternal", que plantea a la maternidad como el nuevo tabú y que defiende la opción de dejar el trabajo. "Socialmente es inaceptable que una mujer confiese sus ganas de quedarse en casa. Existe una carrera por ocupar los espacios de los hombres que se ha vuelto sin sentido y las únicas víctimas son las familias", confiesa desde la oficina que acomodó en su casa en Connecticut.

De Marneffe plantea que "la maternidad a tiempo completo se marca en términos de sacrificios de la mujer, pero existe un placer sensual en este rol, como la satisfacción de compartir todas sus horas de vigilia. Si bien he sido criticada por muchos que califican el libro como un llamado conservador a las mujeres a volver a la cocina, mi idea es ayudarlas a conjugar feminismo y herencia cultural", explica. Lisa Belkin, del The New York Times, trapeó el piso con De Marneffe. Asegura que sólo busca reconocimiento a su opción y la acusa de presentar a la maternidad en términos casi místicos. Claro que le da crédito por generar un debate. "Una amiga me comentaba que antes de este libro iba a fiestas del trabajo de su marido y apenas contaba que era mamá en casa, la saludaban y la ignoraban. Ahora le comentan alguno de estos libros y la escuchan", sentenció.

Mientras Oakie Russell y Annik Miller disfrutan de su maternidad en casa, algunas cuestionan tomar la decisión, porque nadie puede asegurarles que el mercado laboral estará esperándolas cuando decidan volver.

"Como en todas las elecciones, es una apuesta que puedo ganar o perder. Confío en que podré reintegrarme. Si es en un puesto menor, no importa. Tengo la satisfacción de estar criando a mis hijos lo mejor que puedo. El trabajo es sólo eso: trabajo. Mis hijos van primero", asegura confiada Oakie Rusell a la televisión, mientras en Estados Unidos, el debate continúa abierto.

[ Fuente: El Mercurio, Chile ]

 

 

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