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Una iniciativa para controlar a quien piensa distinto y se atreva a publicarlo
   
La Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual [Adolfo Alsina 1470, Buenos Aires] presentó NODIO, un observatorio de la desinformación y la violencia simbólica, que se ocuparía de detectar, verificar, identificar y desarticular estrategias argumentativas de noticias maliciosas y la identificación de sus operaciones de difusión, según se dio a conocer.

Esta avanzada kirchnerista de Miriam Lewin provocó la reacción en cadena del periodismo y no pocos miembros de la política (opositores, por supuesto).

En teoría, si un medio, un miembro de la prensa, un político o un referente social, falta a la verdad en una declaración o publicación estaría muy bien que se lo pusiera en evidencia. En ocasiones eso sucede casi naturalmente  porque alguien reacciona y lo desacredita. Pero bien sabemos que está muy difundida la idea de que las opiniones son "verdades", algo que sin dudas no es cierto.

La verdad –la realidad, digamos- es una sola. Podrá ser compleja, extensa, casi inabarcable, pero es lo que es. Y una opinión sobre ella, un punto de vista de qué es correcto hacer frente a un hecho, no es realmente una verdad, como el relativismo pretende calificar. Confundir verdad con opinión es evidencia de que no se sabe qué es cada cosa. No hay "tantas verdades como personas".

Es paradójico que por un lado los políticos señalen muchas veces que la sociedad ha "madurado" para afrontar debates o cuestionamientos diversos, que está bien que los jóvenes puedan votar y manejar autos desde los 16 años, pero al mismo tiempo el Estado tenga a la población recluida durante 200 días sosteniendo que es incapaz de hacer lo correcto para evitar contagiarse el Covid-19 o que se impulse una propuesta para detectar, verificar, identificar y desarticular noticias falsas porque la gente no se daría cuenta.

Uno de los que habló sobre esta burrada del NODIO fue Alejandro Finocchiaro, ex ministro de Educación de la Nación, el mismo que en Julio de 2018 firmó un convenio de cooperación con la Fundación Huésped, organización abortista y promotora de las aberraciones de género -de larga relación con el macrismo y ahora con el kirchnerismo- para "garantizar que todos los jóvenes reciban Educación Sexual Integral en todos los niveles y modalidades del sistema educativo y que así puedan desarrollar su proyecto de vida y contribuir como ciudadanos al desarrollo de una sociedad más justa y equitativa", según sus palabras en aquel momento.

Las "verdades" de los Cahn y la Fundación Huésped están lejos de respetar el marco jurídico argentino y, sobre todo, en las antípodas de los científicos que protegen la vida desde su comprobado inicio biológico.

"Nadie tiene el monopolio de la verdad”, aseguró Finocchiaro por estos días cayendo en un cliché que sólo hace culto de un relativismo extremo. "¿Quién puede definir lo que es una falacia?" se preguntó el ex ministro que buscó "educar" a los niños con los "postulados" de infectólogos que se oponen al derecho a la vida de los argentinos antes de nacer.

Que la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual (que ya tiene gastado en lo que va del 2020 más de 230 millones de pesos según sus rendiciones) afirme que el observatorio es una respuesta a los reclamos de las audiencias por "mensajes cargados de violencia y desinformación en redes sociales y en medios" es paradójico viniendo de quien ejerció la violencia armada como tropa montonera. ¿Cuál es su capacidad objetiva para reconocer cuándo un mensaje es malicioso, cuándo "intoxica" el ejercicio democrático, cuándo el rechazo a una imposición ideológica es justo y cuándo no lo es?

ADEPA (la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas) advirtió que esta iniciativa gubernamental conlleva un riesgo cierto de que sea utilizada como método "sutil de disciplinamiento o represalia por motivaciones ajenas a los principios que dicen promover".

El objetivo del ojo que todo lo ve de NODIO sería, según sus ideólogos, fomentar la libertad de expresión, siempre que lo que se exprese sea lo que el "observatorio" considera válido y democrático. La verdad no sería lo importante, siguiendo la insistente "línea de conducta" del filósofo Darío Sztajnszrajber, sino sólo lo que conviene a la política de turno, tan volátil como desconfiable.

No obstante, vale señalar que una parte importante de la población en su constante consumo de mensajes en la radio, los diarios y, en especial, la televisión no siempre tiene todos los elementos para determinar si lo que le están diciendo es cierto, si no tiene un recorte de información, si no hay un interés espurio oculto.

Hemos sido testigos de cómo algunos periodistas y conductores -muy conocidos- mandaron a pasear a un oyente o televidente diciéndoles que podían cambiar de radio o de canal, porque los cuestionaban con buenas argumentaciones. En otras ocasiones, los programas no difunden los mensajes del público si no coinciden con su postura sobre algún tema.

Es cómodo –o temerario- decir que un ciudadano puede no comprar un diario, no escuchar una radio, no ver un programa de televisión, si lo que le ofrecen son mentiras, imprecisiones, informaciones parciales.

La impunidad de la que gozan algunas producciones periodísticas los lleva a publicar lo que sirve a sus intereses, sean ideológicos o comerciales, y no siempre el receptor de los mensajes reconoce qué es negocio y qué es verdad.

¿Es que no se pueden tener medios con distintos puntos de vista? Sí, se puede. Pero ¿qué pasa cuando lo que está en juego es el valor de la vida humana antes de nacer, la autoridad familiar, la libertad de pensamiento, la libertad religiosa, la Constitución Nacional y el marco jurídico, o la soberanía nacional?

Y si esta avanzada política de Miriam Lewin sale a denostar y "desarticular" al autor de una columna escrita en un diario ¿No será un camino de amedrentamiento para otros autores, como la condena al médico Leandro Rodríguez Lastra por salvar dos vidas que busca atemorizar a quien se comporte del mismo modo?

Investigar o reflexionar sobre un tema y temer que el Estado le responda con un escrache porque se le ocurre que lo publicado "intoxica" el ejercicio democrático, sólo puede buscar un adoctrinamiento propio de regímenes totalitarios, como el que seguramente buscó imponer Lewin en sus tiempos de guerrilla armada.

Entre las reacciones por la presentación del kirchnerista NODIO se escucharon citas a concepciones de la década del '40. Por un lado, la Gestapo, la policía secreta nazi que se ocupaba de investigar y combatir las tendencias consideradas "peligrosas" para el Estado, y por otro lado la novela "1984" escrita por aquellos años por Eric Arthur Blair -bajo el seudónimo George Orwell- y donde aparece el "Ministerio de la Verdad".

En esta novela se encuentran formas de manipulación de la información y vigilancia social, al punto que decir "orwelliano" define un comportamiento totalitario desde esferas del poder gobernante.

El "Ministerio de la Verdad" es uno de los cuatro ministerios con los que el Partido ejerce su gobierno en la novela y no se refiere a monitorear la verdad, sino a "reinventarla", acomodándola a sus necesidades.

¡Cómo no citar "1984" cuando el Estado en la Argentina ha concebido la alocada idea de que una cuarentena de más de 200 días frente al SARS-Cov2 fortalece la cohesión interna de los ciudadanos; cuando agita en cada comunicación pública la bandera de que es el que "protege" a la población cuando se evidencia su interés en dominar y reducir la libertad; y organiza un "observatorio" para forzar a que todos acepten sus "verdades" y se ajusten a ellas sin chistar.

Si el gobierno de Alberto Fernández organiza una reunión en Olivos y no respeta el distanciamiento social no es grave, pero sí lo es si lo hace un opositor. Si miles de personas se expresan contrarios a su gestión en marchas en todo el país, se les quitará toda pertenencia al pueblo. Si hay problemas serios en la economía, más del 40% de pobres y miles de comercios y PyME que no volverán a abrir, la culpa la tendrá otro (el virus, el gobierno anterior, los empresarios, el campo, no importa).

Esta descripción, valga decirlo, le cabría a otros gobiernos que han pasado. En general, ninguno quiere aceptar su propia ineficiencia, sus errores y siempre se ocuparon de llorar durante toda su gestión por la herencia recibida.

NODIO es un despropósito en sí mismo, sólo justificable en la intención de manipular la realidad y a la población, nacido en un tiempo donde la actitud más seria que debería tener un ciudadano es desconfiar –y mucho- de cualquier propuesta que nazca del gobierno.

 

 

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